Con muchos o con pocos

«Porque el Señor no está limitado a salvar con muchos o con pocos» (1 Samuel 14:6, NBLA)

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Ayer vimos al padre perder el reino en una sala de espera. Hoy el hijo nos enseña lo que el padre no supo hacer, y ese contraste entre los dos corazones es el sermón entero del capítulo. Jonatán trepa un desfiladero con un solo compañero y una frase en los labios que vale por toda una teología. Saúl se queda sentado bajo un granado, contando soldados y multiplicando rituales. Al final del día Israel habrá ganado, y el narrador se encargará de aclarar que la victoria no salió de ninguno de los dos.

Entendiendo el pasaje

El capítulo corre en tres movimientos. En el primero, Jonatán y su escudero escalan a mano limpia el paso de Micmas hacia la guarnición filistea, acuerdan una señal, y cuando los centinelas se burlan invitándolos a subir, Jonatán la lee como confirmación. Veinte filisteos caen, y entonces Dios multiplica el golpe, un temblor de tierra sacude el campamento enemigo y el pánico hace el resto, filisteos matándose entre sí y huyendo en desbandada. En el segundo movimiento aparece Saúl, que al ver el caos, en lugar de correr a pelear, pasa revista para averiguar quién falta, ordena consultas rituales, las interrumpe cuando el alboroto crece, y se suma tarde a una batalla que ya estaba decidida. El veredicto del narrador cierra la escena, «el Señor libró aquel día a Israel» (14:23).

El tercer movimiento es la tarde amarga. Saúl había atado al ejército con un juramento, maldito el que coma antes del anochecer, y el pueblo pelea desfalleciendo. Jonatán, que no oyó el voto, prueba la miel del bosque y sus ojos se iluminan, y cuando le cuentan del juramento lo llama por su nombre, mi padre ha traído dificultad a la tierra, pues con comida la victoria habría sido mayor. Al caer la noche, el pueblo hambriento se lanza sobre el botín y peca comiendo carne con sangre. Las suertes exponen a Jonatán, el padre lo sentencia a muerte por un voto que nunca debió existir, y el pueblo interviene para rescatarlo, ¿ha de morir el que trajo esta liberación caminando con Dios? Ni un cabello suyo cayó a tierra. La campaña, eso sí, quedó sin rematar.

Tres verdades bíblicas

1. La fe dice «quizá» y se mueve

Escucha completa la frase de Jonatán, quizá el Señor obre por nosotros, porque nada le impide salvar con muchos o con pocos. Ahí hay certeza absoluta sobre el poder de Dios y humildad honesta sobre el papel propio, y las dos cosas juntas producen movimiento. La fe bíblica no exige garantías totales antes de actuar, sino un Dios grande. Cuántos mandatos claros tenemos congelados esperando siempre una confirmación más, cuando en el fondo la búsqueda de certeza es una excusa para no movernos. Si Dios ya habló en su Palabra, el quizá de Jonatán te alcanza, muévete y deja el resultado en manos del que salva con pocos.

2. La religiosidad ansiosa estorba la obra de Dios

Cuenta los gestos religiosos de Saúl en este capítulo, un juramento de ayuno, consultas rituales a destiempo, un altar de emergencia, una sentencia para defender su voto. Y cada gesto estorba. El ayuno debilita al ejército el día de la batalla, y el voto termina casi matando al héroe de la jornada. Cuando la devoción se inventa para presionar a Dios en lugar de obedecerlo, deja de servir a Dios y empieza a servir a la ansiedad del que la practica. Revisa tus propias fórmulas, esas disciplinas que practicas menos por amor y más por asegurar que Dios te deba algo. Él no se deja comprar ni con hambre ajena.

3. Dios no es rehén de juramentos necios

La escena final incomoda a propósito. Saúl prefiere ejecutar a su hijo antes que admitir que su voto fue una necedad, como si Dios quedara obligado por las palabras apresuradas de un hombre. El pueblo entiende mejor, el que caminó con Dios ese día no puede ser maldito por la imprudencia de su padre, y Dios mismo respalda el rescate. Honrar un voto necio con más necedad tampoco es piedad. Jesús nos enseñó el camino sencillo, que tu sí sea sí y tu no sea no. Mide tus palabras delante de Dios, no prometas para impresionar ni jures para presionar, y cuando descubras que prometiste mal, la salida se llama humildad.

La fe de Jonatán movió a dos hombres, y Dios movió la tierra.

Señor, Tú no estás limitado a salvar con muchos o con pocos, y esa verdad nos basta para movernos. Danos la fe del quizá, la que confía en tu poder sin exigirte garantías, y líbranos de la religiosidad ansiosa que estorba lo que Tú estás haciendo. Guarda nuestras palabras, que nuestro sí sea sí, y que ningún voto apresurado ponga cargas sobre otros. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Samuel 14, Romanos 12, Jeremías 51, Salmos 30

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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