Ayer Moisés puso la vida delante de sus hijos y les rogó que la escogieran. Hoy empieza su despedida. Reúne al pueblo y dice unas palabras que pesan: «Hoy tengo ciento veinte años; ya no puedo salir ni entrar. Además, el Señor me ha dicho que no pasaré este Jordán» (v. 2). El hombre que caminó con Israel cuarenta años no entrará a la tierra que él mismo les enseñó a esperar. Y en lugar de hundirse, usa sus últimos días para asegurar que la obra siga sin él.
Entendiendo el pasaje
El capítulo 31 abre la última sección del libro, el traspaso del liderazgo de Moisés a Josué. Pero Moisés no se limita a nombrar un sucesor. Sabe que Israel va a olvidar, que después de su muerte el pueblo se volverá a otros dioses (vv. 16-18), y por eso deja todo preparado para que la verdad sobreviva a su ausencia.
Hace tres cosas. Comisiona a Josué y anima al pueblo a no temer, porque Dios va delante (vv. 1-8). Manda escribir la ley y guardarla junto al arca, para que se lea ante todo el pueblo cada siete años (vv. 9-13). Y compone un cántico, por orden de Dios, para enseñárselo a los israelitas y ponerlo en su boca (vv. 19-22). Tres formas de proteger el pacto cuando el líder ya no esté.
Tres verdades bíblicas
1. La obra de Dios nunca dependió del hombre que la lleva
Moisés confiesa su límite sin rodeos. Ya no puede, y Dios no le permite cruzar. Cualquiera pensaría que con esa noticia el pueblo entraría en pánico. ¿Quién los llevará ahora? Pero Moisés enseguida les quita el miedo de encima: «El Señor tu Dios pasará delante de ti» (v. 3). La victoria nunca estuvo garantizada por el caudillo que iba al frente. Estuvo garantizada por el Dios que iba delante del caudillo. El líder más grande que tuvo Israel se aparta, y la obra no se cae, porque la obra nunca fue suya. Si alguna tarea que Dios te ha dado se sostuviera solo mientras tú estés, no era de Dios. Lo que Él comienza, Él lo termina, contigo o sin ti.
2. Lo que se canta se queda
Es interesante ver que Dios escoge para que la verdad no muera con Moisés. La ley se escribe y se guarda junto al arca, en un lugar sagrado. Pero el cántico no se archiva en ningún cofre. Dios da una orden distinta: «escriban este cántico para ustedes, y enséñaselo a los israelitas; ponlo en su boca» (v. 19). La ley se guarda en el arca; el cántico se guarda en la boca del pueblo. Y eso muestra algo de la importancia de la música para el pueblo de Dios. Lo que se canta no se olvida. Una verdad puesta en melodía se queda dormida en la memoria por años y vuelve sola justo cuando hace falta, en la noche del hospital, en el duelo, en el día que el alma se hunde.
El canto es la bóveda donde Dios almacena su verdad. Por eso el pueblo de Dios canta cuando se reúne. No cantamos para llenar el tiempo ni para crear un ambiente. Cantamos porque al cantar guardamos en lo hondo las verdades que más tarde nos van a sostener, y porque esas verdades, ya guardadas, nos traen ánimo cuando la fe flaquea.
Y si el canto es una bóveda, entonces lo decisivo es qué metemos en ella. Importa qué cantamos. Un canto lleno del carácter de Dios, de sus obras, de su fidelidad y su cruz, atesora aquello que el día malo no puede tumbar. Un canto que solo habla de cómo me siento yo guarda algo que se evapora apenas cambia mi ánimo. Cuando llegue la prueba, lo que te sostendrá será la verdad sobre Dios que aprendiste cantando, no el sentimiento que tenías mientras cantabas. Llena tu boca de cantos centrados en Él, y estarás guardando provisiones para un invierno que aún no ves.
3. El relevo de los líderes anuncia al Pastor que no muere
Moisés entrega el bastón a Josué por una razón sencilla y dolorosa: Moisés va a morir. Y así será toda la historia de Israel, una larga cadena de relevos. Josué morirá, los jueces morirán, los reyes morirán, los profetas morirán. Cada líder se levanta, sirve su tiempo y baja a la tumba, y cada tumba va predicando lo mismo: ninguno de estos era el Pastor definitivo. Un pueblo creado para vivir por la eternidad no podía descansar en pastores que se mueren. Necesitaba uno eterno. Y vino. Cristo es el Pastor que no necesita sucesor, porque «permanece para siempre» y por eso «puede también salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios» (Hebreos 7:24-25, NBLA). El buen Pastor dio su vida por las ovejas y la volvió a tomar. Moisés te entrega a Josué; Dios te entrega a su Hijo, que nunca te dirá adiós.
Reflexión y oración
Los hombres que Dios usa se van, pero el Dios que los usó se queda, y al final nos dio un Pastor que no se va jamás.
Padre, gracias porque tu obra descansa en ti, que vas siempre delante, y no en nuestras fuerzas, que un día se acaban. Gracias por la Palabra que guardaste para que llegara hasta nosotros, y por los cantos que pusiste en nuestra boca para sostenernos en los días oscuros. Enséñanos a llenar nuestra boca de tu verdad y no de nosotros mismos. Y gracias, sobre todo, por Cristo, el Pastor que no muere, que permanece para siempre y nos guarda hasta el fin. En su nombre, amén.
