Ayer el pacto te incluyó, hasta a ti que llegaste siglos después. Hoy ese pacto te pide una respuesta. Y la pide por boca de un anciano. Moisés tiene ciento veinte años, sabe que no cruzará el Jordán, ha visto caer a una generación entera en el desierto. Le quedan pocos días. Pero cuando abre la boca en este capítulo, su voz no tiembla. Los ojos están cansados, la memoria está clara, y la convicción está intacta. Pone delante de sus hijos la vida, y les ruega que la tomen.
Entendiendo el pasaje
Los expositores coinciden en que este capítulo es el clímax de Deuteronomio, el punto al que apuntaba todo el libro. Moisés ya advirtió, ya recordó, ya explicó las bendiciones y las maldiciones. Ahora llega el momento del veredicto. Reúne las dos sendas en una sola frase y le pide al pueblo que decida.
El capítulo se mueve en tres tiempos. Primero mira al futuro lejano y promete que, aun después del exilio, Dios restaurará a su pueblo arrepentido y le hará algo nuevo en el corazón (vv. 1-10). Luego baja al presente y le dice al pueblo que el mandamiento no es imposible ni está fuera de su alcance (vv. 11-14). Y termina con el reto final, los cielos y la tierra como testigos, la vida y la muerte sobre la mesa, y un imperativo que resume toda una vida de ministerio: escoge la vida (vv. 15-20).
Tres verdades bíblicas
1. La palabra está cerca, al alcance de tu mano
Moisés se adelanta a la excusa antes de que nadie la diga. El mandamiento «no es muy difícil para ti, ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo… ni está al otro lado del mar» (vv. 11-13). Está en tu boca y en tu corazón, para que lo cumplas (v. 14). Dios no escondió la vida en la cima de una montaña que nadie escala. La puso donde puedes alcanzarla. Nadie llegará ante Él alegando que la verdad quedaba demasiado lejos. La tuviste cerca todo el tiempo, tan cerca como tus propios labios.
2. Dios ablandará el corazón que tú no puedes ablandar
Aquí Moisés dice algo que solo un hombre con su historia podía decir. Ha visto al pueblo prometer y fallar, prometer y fallar, durante cuarenta años. Sabe que el problema nunca estuvo en las leyes, sino en el corazón de piedra que no quiere obedecerlas. Por eso la promesa del versículo 6 pesa tanto: «El Señor tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas». Dios mismo hará la operación que el hombre no puede hacerse. Te pide que ames, y luego promete darte el corazón capaz de amar. La decisión es tuya, pero hasta las fuerzas para decidir bien vienen de Él.
3. Escoge la vida, porque la Vida vino a buscarte
El anciano levanta la voz por última vez sobre este tema y pone los cielos y la tierra como testigos. La vida y la muerte están delante del pueblo, y Moisés ya sabe cuál quiere para sus hijos: «Escoge, pues, la vida» (v. 19). Siglos después, Pablo toma las mismas palabras de este capítulo, las de la palabra cercana en tu boca y en tu corazón, y las pone en Cristo. Dice que esa palabra al alcance es la palabra de fe que confiesa a Jesús como Señor (Romanos 10:8-9). El corazón circuncidado que Moisés prometió llegó cuando vino el Espíritu. Escoges la vida hoy porque Aquel que es la Vida bajó del cielo que Moisés decía inalcanzable, cruzó hasta donde estabas, y te buscó primero.
Reflexión y oración
Un hombre que se moría puso la vida delante de sus hijos, y el Dios que lo inspiró pone hoy esa misma vida delante de ti.
Padre, gracias porque acercaste la vida hasta nuestra boca y nuestro corazón, y no la dejaste fuera de nuestro alcance. Reconocemos que muchas veces quisimos obedecerte y no pudimos, porque el corazón se nos endurecía. Gracias porque tú prometiste ablandarlo, y lo cumpliste en Cristo y en tu Espíritu. Danos hoy la gracia de escoger la vida con el corazón nuevo que tú nos diste, ya que nuestras fuerzas gastadas no alcanzan. Que amemos al Señor con todo lo que somos, mientras dure nuestro día. En el nombre de Cristo, amén.
