Cuidado, el enemigo está adentro

«”Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado Mi furor de los Israelitas porque demostró su celo por Mí entre ellos, y en Mi celo no he destruido a los Israelitas”» (Números 25:11, NBLA)

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Durante tres capítulos hemos visto a Balac gastar fortunas tratando de maldecir a Israel. Contrató al adivino más famoso del oriente, levantó altares, ofreció sacrificios, cambió de monte tres veces. Y nada. Cada vez que Balaam abría la boca, salía bendición. El pueblo de Dios resultó intocable desde afuera. Pero hoy abrimos Números 25, el capítulo que cierra este bloque, y lo que vemos es escalofriante. El pueblo que ninguna maldición pudo tocar, cayó solo. Sin brujería, sin enemigos, sin ejércitos. Cayó por una invitación a comer y a acostarse.

Entendiendo el pasaje

Israel está acampado en Sitim, a las puertas de la tierra prometida. Y el texto dice que el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, que los invitaron a los sacrificios de sus dioses. Israel comió, se inclinó, y se unió a Baal-peor. Baal era el dios de la fertilidad, y su culto mezclaba el sexo con la religión, prostitutas sagradas y ritos paganos. La prostitución fue doble, del cuerpo y del alma. El furor de Dios se encendió y una plaga empezó a matar al pueblo. Mientras unos lloraban a la entrada del tabernáculo, un israelita llamado Zimri tuvo el descaro de meter a una mujer madianita a su tienda a la vista de todos. Entonces Finees, nieto de Aarón, tomó una lanza, entró, y los atravesó a los dos. La plaga se detuvo. Habían muerto veinticuatro mil personas.

Lo que el libro de Apocalipsis nos revela después es clave. Balaam, el que no pudo maldecir a Israel, le enseñó a Balac el truco. Si no se podía maldecir al pueblo desde afuera, se le podía hacer tropezar desde adentro. Lo que la hechicería no logró, lo logró la seducción.

Tres verdades bíblicas

1. Lo que el enemigo no logró maldiciendo por fuera, lo logró seduciendo por dentro

Tres capítulos de maldiciones fracasadas, y bastó una invitación a una fiesta. El pueblo blindado contra la brujería se desarmó solo ante el deseo. El enemigo entendió algo que tú también debes entender, que al creyente no lo derriba el ataque de frente, lo derriba la seducción que entra despacio. Cuídate, porque puedes estar firme contra lo que te amenaza y caer rendido ante lo que te coquetea. Santiago advierte sobre esto: Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. (Santiago 1:14-16). Así que no le eches la culpa al diablo o la brujería de afuera de lo que tú eres responsable. Sé honesto acerca de tu propio pecado.

2. La idolatría casi siempre empieza por un apetito, no por una doctrina

Israel no convocó una asamblea para decidir abandonar a Dios. Nadie debatió teología. El texto lo dice simple, comieron, se inclinaron, se unieron. El pecado entró por la carne y de ahí se trepó hasta el corazón. Así funciona casi siempre la apostasía, no toca primero la mente, toca primero el apetito. Por eso vigila lo que deseas, lo que consumes, lo que te permites mirar, porque ahí es donde se gana o se pierde la batalla mucho antes de que llegue a tus creencias.

3. La plaga se detuvo porque alguien se interpuso e hizo expiación

Finees se levantó en medio del desastre, actuó con celo por la santidad de Dios, y el texto dice que con eso «hizo expiación» y la plaga se detuvo. Alguien tuvo que ponerse en medio para que la ira no consumiera a todos. Pero Finees es apenas una sombra. Él detuvo la plaga quitando una vida culpable con una lanza; Cristo detuvo la plaga del pecado dando su propia vida inocente en una cruz. El pacto de sacerdocio perpetuo que Dios le prometió a Finees encontró su cumplimiento en el Sumo Sacerdote que vive para siempre y se interpuso entre nosotros y el furor que merecíamos.

Reflexión y oración

La generación que ningún hechicero pudo maldecir estuvo a punto de destruirse a sí misma en una fiesta; por eso necesitábamos un Sacerdote mejor que Finees, uno que se interpusiera de una vez y para siempre. Y aun después de esta caída, Dios manda contar al pueblo otra vez, porque su fidelidad al pacto no se detiene donde se detiene nuestra obediencia.

Padre nuestro, gracias porque tu plan no depende de nuestra fuerza ni se hunde con nuestra caída. Reconocemos que somos como Israel, fuertes ante la amenaza y débiles ante la seducción. Guarda nuestros apetitos, vigila nuestros deseos, y no nos dejes pensar que estamos a salvo solo porque hoy nadie nos ataca de frente. Gracias por Cristo, el Sacerdote que se interpuso entre tu furor y nosotros, que detuvo la plaga del pecado con su propia sangre. Que vivamos como pueblo tuyo hasta el final del camino. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Números 25, Salmos 68, Isaías 15, 1 Pedro 3

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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