Delante del Señor

«Y David danzaba con toda su fuerza delante del Señor» (2 Samuel 6:14, NBLA).

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Hoy abrimos el segundo tramo de la serie, la casa prometida. En el primer bloque vimos a Dios levantar la casa de David hasta sentarla en Jerusalén. En este bloque, del capítulo 6 al 9, la pregunta cambia, ya sabemos quién reina, ahora falta saber con quién reina. El arca del pacto, el trono del Dios invisible en medio de su pueblo, lleva una generación entera arrumbada en Quiriat-jearim. David sabe que una capital con palacio y sin arca sería la capital de un reino cualquiera, así que sale a buscarla. Y el primer viaje termina con un muerto en el camino.

Entendiendo el pasaje

El capítulo se cuenta en dos tramos, y la diferencia entre ellos es el mensaje. En el primero, el arca viaja sobre una carreta nueva, con música y con jolgorio. Los bueyes tropiezan, Uza extiende la mano para sostenerla y muere ahí mismo. El detalle que explica la tragedia está fuera del capítulo. La carreta era el método de los filisteos, así devolvieron ellos el arca en 1 Samuel 6, mientras que la instrucción escrita desde Moisés decía otra cosa, en hombros de levitas, con varas, sin tocarla jamás. Israel transportó la santidad con la logística pagana, y ya venía el precedente de Bet-semes, donde asomarse al arca también costó vidas. En el segundo tramo, tres meses después, hay sacrificio y el arca va en hombros, y el viaje termina en danza, bendición y pan repartido a todo el pueblo. Entre los tramos queda la casa de Obed-edom, bendecida por hospedar aquello mismo que a Uza le costó la vida. Y en la escena final, Mical mira la fiesta desde una ventana y desprecia al rey que danza.

Tres verdades bíblicas

1. A Dios se le sirve como Él dijo

Uza tenía la mejor intención posible, evitar que el arca cayera al barro. Pero la intención no lo salvó, porque el problema venía de antes, el arca nunca debió estar sobre esa carreta. El principio detrás de esto es así, Dios no solo dice qué quiere, dice cómo lo quiere. La sinceridad del corazón no convierte en aceptable lo que Él desaprueba. Revisa tu servicio y tu adoración, si estás sirviendo a Dios a su manera o a la tuya con su nombre encima. Y la respuesta se busca donde la encontró David, en lo que está escrito.

2. Después del golpe, vuelve al texto

A David el episodio primero lo enojó y después lo asustó, hasta hacer que se preguntara ¿Cómo podrá venir a mí el arca del Señor? La respuesta llevaba siglos escrita, y tres meses después David regresó por la misma arca, ahora en hombros y con sacrificio. Corrigió el método y volvió por lo mismo. Cuando Dios frustra algo que tú hiciste «para Él», hay dos salidas falsas, el resentimiento y el abandono. La salida correcta es la que David escogió. Vuelve a la Escritura, revisa el cómo, y regresa por aquello que Dios sí aprueba, lo que es conforme a su voluntad. Más de un ministerio y más de un proyecto de servicio se levantan de un fracaso cuando alguien tiene la humildad de preguntar qué dice la Palabra sobre la manera de hacerlo.

3. La amargura mira el gozo desde la ventana y solo ve lo ridículo

Las heridas de Mical eran genuinas. David la dejó atrás al huir de Saúl y hace pocos capítulos la vimos arrancada de su segundo hogar por un acuerdo político. El texto no le inventa maldad, nos deja ver la amargura que creció sobre esas heridas. Y la amargura hace exactamente esto, te sienta en la ventana. Desde ahí Mical vio las piernas de rey y no vio la presencia de Dios entrando a la ciudad. Si cuando todos a tu alrededor celebran a Dios tú solo encuentras defectos, el volumen, las formas, la gente que llegó, pregúntate desde qué ventana estás mirando. La crítica constante al gozo ajeno suele ser el uniforme de una herida sin tratar. Y las heridas tienen tratamiento, delante del mismo Señor ante el que David danzaba con toda su fuerza.

Dios quiere habitar en medio de su pueblo, y en sus términos, a Su manera.

Señor, gracias porque no eres un Dios lejano, porque quisiste poner tu trono en medio de tu pueblo y en Cristo viniste a habitar con nosotros. Enséñanos a servirte como tú dijiste y a volver a tu Palabra cuando nos corriges. Danos el gozo de David delante de ti, y sana las heridas que nos tienen mirando la fiesta desde la ventana. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

2 Samuel 6, 1 Corintios 16, Ezequiel 14, Salmos 55

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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