La casa que Dios edifica

«Tu casa y tu reino permanecerán para siempre delante de Mí; tu trono será establecido para siempre» (2 Samuel 7:16, NBLA).

Compartir:

Hay capítulos que sostienen libros enteros, y hay capítulos que sostienen la Biblia entera. Hoy llegamos a uno de esos, y al punto más alto de esta serie. David está en reposo, mira su palacio de cedro, mira las cortinas donde habita el arca, y le nace un deseo bueno, construirle casa a Dios. La respuesta que recibe esa noche le voltea ese deseo al revés, y de esa vuelta nace la promesa que viaja a través del resto de la Escritura hasta llegar a Belén. Por eso esta serie entera lleva el nombre de este capítulo, la casa que Dios edifica.

Entendiendo el pasaje

El capítulo se mueve en tres tiempos, el deseo, la respuesta y la oración. David propone y Natán bendice la idea el mismo día, sin consultar, y esa noche la palabra del Señor corrige al profeta. Ni los buenos deseos de los buenos hombres, aprobados por buenos profetas, sustituyen la consulta a Dios. La respuesta de Dios gira sobre una sola palabra hebrea, bayit, casa. David dice casa pensando en un templo.

Dios responde casa pensando en una dinastía. Y en el camino le recuerda su historia, nunca pidió cedro, habitó en tienda caminando con su pueblo, tomó a David del prado, de detrás del rebaño, y le hizo un nombre grande, la misma promesa que escuchó Abraham. Las promesas se apilan hasta el versículo 16, casa, reino y trono para siempre.

El tercer tiempo es la respuesta de David, que entra, se sienta delante del Señor y ora la oración del que no puede creer lo que acaba de recibir. ¿Quién soy yo, Señor Dios, y qué es mi casa?

Tres verdades bíblicas

1. Dios edifica tu casa antes de que tú puedas edificarle nada a Él

Ese es el giro del capítulo y es el corazón del evangelio en versión antiguo pacto. Dios nunca necesitó el techo que David quería darle, y David en cambio vivía bajo el techo de Dios desde el prado de Belén. La gracia precede al servicio, siempre. Aquí se decide si tu religión es cristiana o es de mérito. Si sirves a Dios para ganarte su favor, tienes el orden al revés. Sirves porque ya lo tienes, regalado, edificado por Él cuando tú no tenías nada que ofrecer. Y hay una manera práctica de saber cuál de los dos órdenes vives. Mira cómo reaccionas cuando Dios te dice que no a un proyecto que era para Él, como le dijo a David. El que sirve por gratitud recibe el no y sigue adorando. El que sirve por pago recibe el no y pasa la factura.

2. La promesa no depende del desempeño de los hijos de David

Miar que el «para siempre» viene con una cláusula de disciplina. Cuando el hijo peque, habrá vara de hombres, y la misericordia no se apartará de él como se apartó de Saúl. Esa cláusula es el mapa de todo lo que viene en este libro. La casa se va a quebrar por el pecado de sus hijos, la vamos a ver quebrarse durante dos semanas, y la promesa va a seguir en pie por encima de la ruina, porque descansa en la fidelidad de Dios y no en el desempeño de la dinastía. La monarquía cayó, Jerusalén ardió, el trono estuvo vacío durante siglos, y la palabra de este capítulo siguió viva. Hermano que me escuchas, tu seguridad delante de Dios descansa en ese mismo diseño. El Padre disciplina a sus hijos, y la disciplina es parte del pacto, jamás su cancelación. Si estás bajo la vara, estás dentro de la casa.

3. Todas las promesas de Dios son sí en Cristo

Seiscientos años después de que el último hijo de David perdiera el trono, un ángel le repitió este capítulo casi textual a una muchacha de Nazaret. «El Señor Dios le dará el trono de David Su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin» (Lucas 1:32-33, NBLA). Jesús es el Hijo en quien la promesa «Yo seré padre para él» se cumple en plenitud, y es también el templo que David soñaba, Dios habitando en medio de su pueblo sin cortinas de por medio. La lectura de hoy en el Nuevo Testamento lo dice con todas las letras, todas las promesas de Dios son en Él sí (2 Corintios 1:20). Entonces aprende a leer tu Biblia así. Cada promesa que encuentres tiene su firma en el trono ocupado. Tu esperanza tendría fecha de vencimiento solamente si el reino de Cristo la tuviera, y ese reino no tiene fin.

Señor, quién somos nosotros y qué son nuestras casas para que nos hayas traído hasta aquí. Gracias porque tú edificas primero y porque tu pacto con David no se cayó con sus hijos. Gracias porque en Jesús cada una de tus promesas es sí. Enséñanos a servirte por gratitud y a recibir tu disciplina como hijos. Y danos la postura de David, sentarnos delante de ti, asombrados de tu gracia. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

2 Samuel 7, 2 Corintios 1, Ezequiel 15, Salmos 56-57

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio