Un encargo imprescindible
Esta es la última carta que Pablo escribió antes de morir. Está en prisión. Sabe que su ejecución se acerca. Y en estos momentos finales, ¿qué le dice a Timoteo? ¿Cuál es su última instrucción para este joven pastor? Predica la Palabra. De todo lo que Pablo podría haberle dicho en su despedida final, esto es lo que escoge. Mira la solemnidad con la que lo dice. Lo hace en la presencia de Dios y de Cristo Jesús. Invoca al juez de vivos y muertos. Esto es un encargo solemne, no una sugerencia casual.
Entendiendo el pasaje
Pablo ha llegado al final de su vida y de su carta. En los capítulos anteriores le ha recordado a Timoteo el poder del Espíritu que Dios le dio, la necesidad de manejar bien la Palabra, y la suficiencia de las Escrituras. Ahora viene el encargo final. Y fíjate en la urgencia de las palabras. Predica la Palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. En otras palabras, hazlo cuando sea conveniente y cuando no lo sea. Cuando la gente quiera escuchar y cuando no. Cuando tengas ganas y cuando no las tengas. La tarea permanece igual.
Los verbos que Pablo usa son fuertes. Reprende a los que están en error. Exhorta a los desanimados. Amonesta a los que se están desviando. Pero nota que todo esto debe hacerse con mucha paciencia e instrucción. La confrontación pastoral no es brutal. Es paciente. No es ignorante. Está fundamentada en la enseñanza sólida. Pablo sabe lo que viene. En los versículos siguientes dice que llegará el tiempo cuando las personas no soportarán la sana doctrina. Buscarán maestros que les digan lo que quieren oír. Acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos.
Por eso este encargo es tan urgente. Timoteo necesita predicar la Palabra sin importar las circunstancias. Porque habrá momentos cuando nadie la quiera escuchar. Habrá temporadas cuando la verdad sea impopular. Y en esos momentos, la tentación será diluir el mensaje o buscar algo más atractivo. Pablo le está diciendo que no lo haga. Mantente firme en la Palabra de Dios.
Tres verdades bíblicas
- La tarea principal del ministerio es predicar la Palabra – Todo lo demás en el ministerio cristiano es secundario a esto. Puedes tener los mejores programas, la mejor música, las mejores instalaciones. Pero si la Palabra de Dios no se está predicando fielmente, nada de eso importa. Y nota que Pablo no dice «predica sobre temas relevantes» o «predica lo que la gente necesita escuchar». Dice «predica la Palabra». El contenido está definido. Tu trabajo como maestro, líder, o simplemente como cristiano que comparte su fe, es comunicar lo que Dios ya ha dicho. No inventar mensajes nuevos. No adaptar la verdad para hacerla más aceptable. Predicar la Palabra tal como es.
- Debes insistir a tiempo y fuera de tiempo – Esta es una de las frases más desafiantes de la carta. A tiempo significa cuando es conveniente. Fuera de tiempo significa cuando no lo es. Pablo está diciendo que la conveniencia no puede dictar tu ministerio. Habrá momentos cuando hablar la verdad te cueste algo. Amistades, oportunidades, comodidad. En esos momentos es cuando más necesitas recordar este encargo. La Palabra de Dios debe ser proclamada independientemente de las circunstancias. Porque la verdad no cambia según la cultura o la audiencia. Lo que Dios ha dicho sigue siendo verdad aunque nadie quiera escucharlo.
- La razón de esta urgencia es que vendrán tiempos difíciles – Pablo no es ingenuo. Sabe lo que se avecina. Dice que llegará el tiempo cuando la gente no soportará la sana doctrina. Acumularán maestros que les digan lo que quieren oír. Buscarán enseñanzas que hagan cosquillas en sus oídos en lugar de transformar sus corazones. Y aquí estamos, dos mil años después, viendo exactamente eso. Vivimos en una época donde puedes escoger tu versión del cristianismo como si estuvieras escogiendo un sabor de helado. Quieres un cristianismo sin arrepentimiento, lo encuentras. Quieres uno sin sacrificio, también está disponible. Por eso este encargo de Pablo es tan relevante hoy. En medio de toda la confusión, necesitas aferrarte a la Palabra de Dios. Ella no cambia. Ella sigue siendo verdad. Y ella es suficiente.
Reflexión y oración
Hemos pasado los últimos días viendo lo que Pablo le enseñó a Timoteo sobre la Palabra de Dios. El poder que Dios da para proclamarla. Cómo manejarla correctamente. Por qué es suficiente para todo. Y hoy llegamos al encargo final. Predica la Palabra. Esta no es solo una tarea para pastores o líderes. Es el llamado de todo cristiano. Compartir lo que Dios ha dicho. Vivir según lo que Dios ha revelado. Permanecer fiel a la verdad aunque el mundo entero te diga que te adaptes.
Padre, gracias por darnos tu Palabra. Gracias por preservarla a través de los siglos para que llegara hasta nosotros. Ayúdame a ser fiel a ella. Dame valor para hablar tu verdad cuando sea conveniente y cuando no lo sea. Protégeme de la tentación de adaptar tu mensaje para hacerlo más aceptable. Dame paciencia e instrucción para confrontar con amor cuando sea necesario. Y sobre todo, mantén mi corazón firme en tu Palabra. Que sea mi fundamento cuando todo lo demás cambie. En el nombre de Jesús. Amén.
