Devocional para el 25 de abril

«Los hijos de Israel acamparán, cada uno junto a su estandarte, bajo las insignias de sus casas paternas. Acamparán alrededor de la tienda de reunión, a cierta distancia» (Números 2:2, NBLA)

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Acampados alrededor del Rey

Ayer decíamos que en hebreo este libro se llama «en el desierto», y que ese nombre captura mejor su contenido que el nombre griego, Números. Bueno, hoy llegamos a un capítulo que parece justificar a los traductores griegos. Tribus, lados, posiciones, totales por grupo, cifras que se repiten. A primera vista no parece haber mucho aquí para nosotros hoy. Pero estos números también son palabra de Dios. Y cuando uno se acerca con paciencia, descubre que detrás del orden geográfico hay una declaración teológica grande.

Entendiendo el pasaje

Israel está siendo organizado para marchar. El capítulo describe cómo Dios manda que se acomode el campamento. Cuatro grupos de tres tribus cada uno, dispuestos en los cuatro lados del tabernáculo. Al este Judá, Isacar y Zabulón. Al sur Rubén, Simeón y Gad. Al oeste Efraín, Manasés y Benjamín. Al norte Dan, Aser y Neftalí. Los levitas forman un círculo interior alrededor del tabernáculo. Y el tabernáculo, en el centro de todo. Cuando el pueblo se mueva, va a hacerlo en ese mismo orden, con Judá abriendo el paso al frente.

Aquí está la clave para entender el capítulo. En el mundo antiguo, cuando un rey acampaba con su ejército, su tienda iba en el centro del campamento. Era una declaración de autoridad. El rey en el medio, el ejército alrededor protegiendo y obedeciendo. Cuando Dios manda que el tabernáculo esté al centro de Israel, está diciendo algo muy concreto. «Yo soy el Rey de este pueblo». No es un detalle decorativo, es una afirmación real. Israel acampa alrededor de su Rey, y desde el centro Dios organiza todo lo demás.

Tres verdades bíblicas

  1. El Rey está en el centro. Esta es la primera afirmación que hace el capítulo. El tabernáculo no está en una esquina ni a un costado, está al medio. Las tribus se ubican mirando hacia él, dándole la cara. Y eso, en el lenguaje del antiguo Oriente, es el lenguaje de la realeza. Dios está mostrando con la geografía lo que ya había declarado con su palabra. Él es el Rey de Israel, y su pueblo se organiza desde su presencia. La adoración no es una actividad más en la vida del pueblo, es el eje desde donde se organiza todo lo demás. Y aquí hay una pregunta para nosotros hoy. En tu vida también hay un centro. Algo está en medio organizándolo todo. Puede ser tu trabajo, tu familia, tus sueños, incluso tú mismo. Pero para el pueblo de Dios solo hay un Rey legítimo en el centro. Si quitas a Dios del centro, todo lo demás se desordena.
  2. Cada tribu tiene su lugar bajo su estandarte. Mira lo que dice el versículo, «cada uno junto a su estandarte». Cada tribu tiene una bandera, una insignia, un sitio asignado. Y dentro del orden, Judá tiene la posición preeminente. Acampa al este, donde sale el sol, y abre la marcha. ¿Por qué Judá? Porque siglos atrás, en Génesis 49, el patriarca Jacob ya había bendecido a Judá diciendo que el cetro no se apartaría de él. Aquí, en el desierto, vemos cómo Dios va cumpliendo lo que prometió hace mucho. Judá empieza a tomar su lugar de liderazgo, y desde ese lugar, generaciones después, vendrá David, y de la casa de David vendrá Cristo, el León de la tribu de Judá. En el pueblo de Dios cada uno tiene un lugar. No somos una multitud indiferenciada, somos un cuerpo organizado donde cada miembro tiene su sitio. Y nuestro lugar nos lo da Dios, no nos lo damos nosotros.
  3. Cuando el Rey marcha, su pueblo marcha con él. El capítulo no solo describe el campamento detenido, describe el orden de marcha. Cuando suene la trompeta, Judá sale primero, después Rubén, después los levitas con el tabernáculo, después Efraín, y al final Dan cierra. El campamento no es estático, es un cuerpo en movimiento alrededor del Rey. Cuando él se mueve, todos se mueven. Cuando él se detiene, todos se detienen. Y aquí se abre la conexión con Cristo. Judá va adelante abriendo el camino, y de Judá vendrá el León que abre el paso para todo el pueblo de Dios. Apocalipsis 5 lo dice así, ha vencido el León de la tribu de Judá. Cristo es el Rey que va al frente, y el pueblo de Dios marcha detrás de él hacia la heredad. La vida cristiana es eso, seguir al Rey. Él ya abrió el camino, nosotros caminamos en su huella.

Reflexión y oración

Estos números, que a primera vista parecen distantes, nos cuentan una verdad enorme. Dios es Rey. Su pueblo se organiza alrededor de él, no alrededor de sí mismo. Y cuando él marcha, el pueblo marcha. Esto sigue siendo verdad hoy. La iglesia no es un grupo de individuos que decidieron juntarse, es el pueblo de Dios acampado alrededor de su Rey. Y cada uno de nosotros, en nuestra propia vida, vivimos lo mismo. O Dios está en el centro, o algo más lo ocupa. No hay neutralidad.

Pregúntate hoy con honestidad qué hay en el centro de tu vida. Qué es lo que está organizando todo lo demás. Y si descubres que no es Dios, recuerda que el evangelio de Cristo es el camino para devolverlo a su lugar. El León de Judá ya venció, y nos llama a marchar detrás de él.

Señor, gracias porque eres el Rey y porque siempre has querido habitar en medio de tu pueblo. Perdónanos cuando dejamos que otras cosas ocupen el centro que solo te corresponde a ti. Vuelve a poner tu lugar donde debe estar, y enséñanos a marchar detrás de Cristo, el León de Judá, hasta llegar a la heredad. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Números 2, Salmos 36, Eclesiastés 12, Filemón

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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