Devocional para el 26 de abril

«He aquí que Yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todo primogénito que abre la matriz entre los hijos de Israel. Los levitas, pues, serán Míos» (Números 3:12, NBLA)

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Tomados en lugar de otros

Hay expresiones en la Biblia que parecen pequeñas, pero cuando uno se detiene a verlas con atención, descubre que llevan adentro toda la historia del evangelio. Una de ellas aparece hoy en el capítulo 3 de Números. Dios habla con Moisés y dice tres palabras que cambian el peso del capítulo entero. «En lugar de». Yo tomé a los levitas «en lugar de» los primogénitos. Esa es la idea que estructura todo lo que vamos a leer hoy. Y es también la idea que va a estructurar el camino de toda la Escritura hasta llegar a la cruz.

Entendiendo el pasaje

Para entender este capítulo hay que recordar la noche de la Pascua. Aquella noche en Egipto, cuando el ángel del Señor pasó por las casas, los primogénitos de los hebreos se salvaron porque había sangre del cordero en los dinteles. A partir de ese momento, Dios declaró que todos los primogénitos de Israel le pertenecían. Eran suyos por derecho de redención. Él los había rescatado de la muerte, y por eso reclamaba sus vidas para su servicio.

Ahora, un año después en el desierto, llega el momento de hacer efectivo ese reclamo. Pero Dios hace algo sorprendente. En lugar de tomar al primogénito de cada familia para servir en el santuario, toma a toda una tribu, los levitas, para que sirvan como sustitutos. El capítulo cuenta cómo se organizan en tres grupos según los hijos de Leví, Gersón, Cohat y Merari, cada uno con su lugar alrededor del tabernáculo y sus tareas. Y al final del capítulo viene el detalle precioso. Cuando se cuentan los levitas y los primogénitos, los números no cuadran. Hay 22.000 levitas y 22.273 primogénitos. Sobran 273 que no tienen sustituto, y por ellos hay que pagar un precio de rescate. Cinco siclos por cabeza.

Tres verdades bíblicas

  1. Lo redimido pertenece a Dios. El versículo 13 explica de dónde viene todo esto. «Mío es todo primogénito; el día que herí a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, santifiqué para Mí a todos los primogénitos en Israel». Mira lo que está diciendo Dios. Los primogénitos son míos porque yo los rescaté. La redención implica una transferencia de propiedad. Los redimidos pasan a ser de Dios. Y esto, querido oyente, se aplica directamente a nosotros. Si Cristo te redimió, ya tienes dueño. Pablo lo dice con palabras claras en 1 Corintios 6, «han sido comprados por precio, glorifiquen pues a Dios en su cuerpo». La vida cristiana parte de esta verdad. Tu vida ya tiene dueño legítimo. Y vivir para ti mismo es vivir como si Dios no te hubiera comprado.
  2. Los levitas viven en lugar de otros. Aquí está el corazón del capítulo. Dios tiene derecho a tomar al primogénito de cada familia israelita para el servicio del santuario. Pero en lugar de eso, toma a toda una tribu. Los levitas son sustitutos. Cada levita está sirviendo en el santuario en lugar de un primogénito que se quedó en su casa, viviendo con su familia, trabajando en su oficio. Esta lógica de sustitución atraviesa toda la Biblia. Ya la vimos en la Pascua, donde el cordero murió en lugar del primogénito. Y la veremos culminar en Cristo, el sustituto definitivo. Cuando lees este capítulo entiendes que toda la Escritura está enseñando lo mismo desde el principio. Hay un Dios santo que reclama lo suyo, y hay un sustituto que Dios mismo provee para que los suyos puedan vivir. Hermano que me escuchas, vivir como cristiano es vivir consciente de que alguien tomó tu lugar. Tu día empieza con esa deuda de gratitud.
  3. Cuando el sustituto no alcanza, se paga el rescate. Este es el detalle del final del capítulo, y está cargado de evangelio. Cuando hacen las cuentas, sobran 273 primogénitos que ningún levita puede sustituir. ¿Qué hace Dios? Ordena que por ellos se pague un precio. Cinco siclos por cabeza. La palabra que usa el texto es redimir, rescatar, la misma palabra que se usaba en el mundo antiguo para libertar a un esclavo pagando su precio. Aquí está el evangelio en miniatura, hermano. Cuando el sustituto humano no alcanza, hace falta un pago. Y nosotros estamos exactamente en esa situación. Ningún hombre puede pagar por otro hombre. Ningún levita puede servir por nosotros delante de Dios. Hizo falta un pago que ningún ser humano podía hacer. Y Cristo lo hizo. Pedro lo dice así, «fueron redimidos no con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo». El precio se pagó. Por eso somos suyos.

Reflexión y oración

Este capítulo aparenta ser un capítulo de números, de tribus y de oficios. Y lo es. Pero detrás de los números hay una verdad que cambia el peso de todo. Dios reclama lo que ha redimido. Provee un sustituto. Y cuando el sustituto no alcanza, paga un precio. Esa es la historia que termina en la cruz.

Hoy, hermano, vive consciente de tres cosas. Que tu vida tiene dueño porque fuiste redimido. Que alguien tomó tu lugar para que tú pudieras vivir. Y que el precio por ti ya se pagó, no con plata ni con oro, sino con la sangre del Cordero de Dios. Tu vida entera es una respuesta a ese precio.

Señor, gracias porque desde el desierto ya nos enseñabas el camino del evangelio. Gracias porque proveíste un sustituto para tu pueblo, y porque cuando el sustituto humano no alcanzó, tú mismo pagaste el precio en la persona de Cristo. Ayúdanos a vivir como gente que sabe que ya tiene dueño, que ya fue rescatada, que ya no se pertenece a sí misma. En el nombre de Cristo, nuestro sustituto y nuestro Redentor, amén.

Lecturas del plan

Números 3, Salmos 37, Cantares 1, Hebreos 1

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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