El censo de una generación que sí entrará

«Y entre estos no había ninguno de los que fueron contados por Moisés y el sacerdote Aarón, cuando contaron a los israelitas en el desierto de Sinaí. Porque el Señor había dicho de ellos: ‹Ciertamente morirán en el desierto›. No quedó, pues, ninguno de ellos, excepto Caleb, hijo de Jefone, y Josué, hijo de Nun» (Números 26:64-65, NBLA)

Compartir:

A primera vista, Números 26 parece uno de esos capítulos que uno quiere saltarse. Es un censo, una lista larga de tribus, clanes y cifras. Pero quédate conmigo, porque debajo de tantos números hay una de las declaraciones más conmovedoras de todo el libro. Después del desastre de Baal-peor, con veinticuatro mil recién enterrados, Dios no pronuncia otra sentencia. Dice algo distinto, cuenten al pueblo otra vez. Hoy abrimos el último gran movimiento de Números, la preparación de la generación que sí va a entrar a la tierra.

Entendiendo el pasaje

Han pasado casi cuarenta años desde el primer censo del Sinaí. Aquel contó a la generación que salió de Egipto. Este, en las llanuras de Moab, cuenta a sus hijos. El propósito es práctico, saber cuántos hombres hay para la guerra y para repartir la tierra según el tamaño de cada tribu. Pero el texto no se queda en lo práctico. Cuando termina la lista, llega el versículo que lo explica todo, entre todos estos no quedaba ni uno solo de los que Moisés contó la primera vez. Habían muerto en el desierto, tal como Dios lo había advertido. Solo dos sobrevivieron de aquella generación, Caleb y Josué, los dos espías que cuarenta años antes creyeron la promesa cuando los otros diez la despreciaron.

El dato que vale la pena notar es el total. A pesar de las plagas, las serpientes, la rebelión de Coré y la mortandad de Baal-peor, el pueblo llega con seiscientos un mil setecientos treinta hombres, casi los mismos seiscientos tres mil del inicio. La desobediencia restó muchísimo, pero el pueblo no se extinguió. Esa cifra es un testimonio silencioso de que Dios sostuvo a su pueblo aun cuando su pueblo no se sostuvo a sí mismo.

Tres verdades bíblicas

1. Después del peor desastre, lo primero que Dios hace es contar, no destruir

El bloque anterior cerró con miles de cadáveres por la apostasía. Uno esperaría que el siguiente capítulo trajera más juicio. En cambio, Dios dice cuenten al pueblo otra vez. Contar es un acto de futuro, se cuenta lo que va a marchar, lo que va a pelear, lo que va a heredar. Después de tu peor caída, escucha esto, el Dios de Israel sigue contando a los suyos para llevarlos a la promesa, porque su plan nunca dependió de que tú no cayeras.

2. Dios cumple su palabra, la de juicio y la de promesa, en la misma lista

Ese censo dice dos cosas al mismo tiempo. Dice que ni uno de la generación incrédula quedó, exactamente como Dios advirtió. Y dice que hay una generación nueva, numerosa y lista, exactamente como Dios prometió. La misma lista certifica las dos fidelidades de Dios. No puedes confiar en sus promesas y descartar sus advertencias, porque el mismo Dios que cumple unas cumple las otras.

3. La desobediencia resta, pero la fidelidad de Dios sostiene

El pueblo llegó casi con el mismo número con que empezó, después de cuarenta años de rebeldía que debieron aniquilarlo. El pecado les costó crecer como pudieron haber crecido; la gracia les impidió desaparecer como merecían desaparecer. Y ahí, en la lista, siguen Caleb y Josué, los dos que creyeron. La fidelidad a Dios no te exime del desierto, pero te lleva vivo hasta el otro lado de él.

Reflexión y oración

El desierto se llevó a una generación entera, pero no se llevó la promesa, porque Dios siempre tiene una lista con nombres nuevos para entrar a lo que prometió. Y al final, lo que decide tu destino es una sola cosa, si tu nombre está escrito donde Dios lo anota, por encima de la generación a la que perteneces o las veces que has caído.

Padre nuestro, gracias porque tu plan no se hunde con nuestras caídas ni se acaba con una generación. Gracias porque después de lo peor, tú sigues contando a los tuyos para llevarlos a la promesa. Reconocemos que tu palabra de advertencia es tan firme como tu palabra de bendición, y que necesitamos las dos. Haznos como Caleb y Josué, de los que te creen cuando todos dudan. Y escribe nuestros nombres donde de verdad importa, en tu libro, por la sangre de Cristo. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Números 26, Salmos 69, Isaías 16, 1 Pedro 4

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio