El ministerio que no se jubila

«Lejos esté de mí que peque contra el Señor cesando de orar por ustedes» (1 Samuel 12:23, NBLA)

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Hoy escuchamos el discurso de despedida de un líder con las manos limpias. Samuel reúne a todo Israel para entregar el gobierno que ejerció durante décadas, ahora que el rey pedido ya está en funciones. Los discursos de despedida revelan lo que una persona consideró más valioso en la vida, y el de Samuel deja tres herencias que valen más que cualquier cargo, un testimonio que se puede auditar en público, una teología de la gracia que sostiene al pueblo caído, y un compromiso de rodillas que no conoce jubilación.

Entendiendo el pasaje

El capítulo se organiza en cuatro bloques que se explican uno al otro. Primero, el descargo, donde Samuel somete su gestión a auditoría pública, a quién defraudé, a quién oprimí, de mano de quién acepté soborno, y el pueblo entero jura que de nadie. Segundo, la memoria, un repaso desde el Éxodo hasta los jueces que exhibe el ciclo de siempre, Dios libera, el pueblo olvida, el enemigo aprieta, el pueblo clama, Dios vuelve a liberar.

Sobre esa base vienen los dos bloques finales. En el tercero, Samuel nombra el pecado sin anestesia, pedir rey fue desechar al Dios que siempre los libró, y pide al Señor una señal que nadie pueda discutir, truenos y lluvia en plena cosecha del trigo, la estación seca donde jamás llueve. La tormenta cae, el pueblo teme y confiesa. Y en el cuarto bloque llega el consuelo con los términos de la nueva era, el sistema cambió pero el pacto no, pues con rey o sin rey las condiciones siguen siendo temer al Señor, servirlo y obedecer su voz. Samuel sella la transición con su doble compromiso, seguir orando por ellos y seguir enseñándoles el camino bueno y recto.

Tres verdades bíblicas

1. Termina de tal manera que puedas abrir las manos

Samuel se para delante de la nación y ofrece devolver cualquier cosa mal habida, y nadie, en décadas de servicio, tiene nada que reclamarle. Pocas escenas hay más hermosas que un siervo de Dios saliendo del cargo con las manos abiertas y el expediente limpio. Piensa en tu propia salida, la del trabajo, la del ministerio, la de la crianza. Un día entregarás lo que hoy administras, y la pregunta llegará, a quién defraudaste, qué tomaste que no era tuyo. Vive hoy de manera que la auditoría de tu salida no te dé miedo. La integridad se construye en los años ordinarios, no en el discurso final.

2. Dios te sostiene por causa de Su nombre

Fíjate en la lógica del consuelo. El pueblo acaba de confesar que a todos sus pecados añadió el mal de pedir rey, y la respuesta de Samuel es que el Señor no los desamparará. La razón no está en ellos por ninguna parte, pues Dios los sostiene no porque lo merezcan, sino «por causa de Su gran nombre», porque le plació hacerlos pueblo Suyo. Esa es la roca donde descansa todo creyente. Tu seguridad descansa en el carácter del Dios que se comprometió contigo, y no en tu expediente, que tiene manchas de sobra. El día que tu pecado te grite que Dios ya se cansó de ti, respóndele con este versículo, su fidelidad está atada a su nombre.

3. La intercesión no se jubila

Samuel suelta el poder, pero se niega a soltar al pueblo. Y mide la oración con una vara que debería dejarnos pensando, considera que dejar de orar por ellos sería pecar contra el Señor. No contra el pueblo, contra el Señor mismo. Hay ministerios que se entregan, un púlpito, un cargo, una crianza activa, y hay uno que permanece hasta el último día. Si entregaste la posta y sientes que ya no aportas, si tus hijos volaron del nido, si la edad te bajó del escenario, escucha a Samuel. El lugar de rodillas nunca queda vacante, y desde ahí se sirve tanto como desde el frente.

Samuel entregó el gobierno de Israel, pero nunca entregó a Israel.

Padre, gracias porque tu fidelidad cuelga de tu gran nombre y no de nuestro expediente. Danos manos limpias para el día de la salida, y mientras llega, integridad en los años ordinarios que nadie aplaude. Y enséñanos el ministerio de Samuel, el que no se jubila, para que nunca consideremos pequeño el servicio de orar por los que amamos. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Samuel 12, Romanos 10, Jeremías 49, Salmos 26-27

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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