El Señor guarda los pies de sus santos

«Y David huyó y escapó aquella noche» (1 Samuel 19:10, NBLA)

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Con el capítulo de hoy la persecución deja de ser un episodio y se vuelve el estado permanente de la vida de David. Saúl ya no disimula, ordena abiertamente matarlo. Y sin embargo, si lees el capítulo de corrido, descubres que es más un capítulo de protección que de peligro. Tres veces intentan acabar con David, y tres escudos distintos aparecen en su camino. Ana lo había cantado al comienzo de nuestra serie, el Señor «guarda los pies de Sus santos», y aquí se ve con mucha claridad.

Entendiendo el pasaje

El primer tramo del capítulo gira alrededor de la familia del rey. Saúl ordena a Jonatán y a sus siervos matar a David, y Jonatán responde intercediendo, le recuerda a su padre que David nunca ha pecado contra él y que sus victorias fueron alegría para el propio Saúl. El rey cede y jura, vive el Señor que no morirá. La paz dura poco. Vuelve la guerra con sus victorias, vuelve la lanza contra la pared, y esa misma noche Saúl manda vigilar la casa para matarlo al amanecer. Entonces vemos el segundo escudo, Mical, que descuelga a su esposo por una ventana y gana tiempo poniendo un ídolo en la cama con una almohada de pelo de cabra.

El segundo tramo ocurre en Ramá, adonde David huye buscando a Samuel. Saúl envía un escuadrón a capturarlo, y el Espíritu de Dios cae sobre los mensajeros, que terminan profetizando. Envía un segundo grupo, y pasa lo mismo. Un tercero, igual. Entonces el rey va en persona, y el Espíritu lo alcanza en el camino, y termina despojado de sus ropas reales, profetizando postrado delante de Samuel un día y una noche enteros. De ahí revive el refrán que nació en sus buenos tiempos, «¿también está Saúl entre los profetas?» (19:24). El mismo dicho, pero invertido, lo que antes fue señal de la mano de Dios sobre él ahora es señal de la mano de Dios contra sus planes.

Tres verdades bíblicas

1. Dios suele guardar usando manos ordinarias

Los primeros dos escudos de este capítulo son una voz amiga que intercedió a tiempo, y una esposa con reflejos rápidos junto a una ventana. Ningún ángel visible, ningún trueno. Así trabaja la providencia la mayoría de las veces, con rostro humano y sin anunciarse como si fuera un milagro. Mira tu propia historia con esos lentes. Algún consejo que te frenó a tiempo, el amigo que habló por ti donde tu no estabas o que apareció justo en un momento difícil. Dale gracias a Dios por tus Jonatanes y tus Micales, y pregúntate si quizás no eres tú también el escudo que Dios puso cerca.

2. Cuando las manos humanas se acaban, Dios guarda en persona

En Ramá ya no había amigo que intercediera ni ventana que sirviera. Y Dios desarmó tres escuadrones y a un rey sin tocar una espada, con su solo Espíritu. Un comentarista observa un filo doble en esa intervención, porque al detener a Saúl, Dios también guardó a David de tener que derramar sangre israelita defendiéndose. El Señor protege incluso de las victorias que nos mancharían. Cuando se te agoten los recursos humanos, recuerda Ramá. Nadie puede matar lo que Dios está guardando, y sus métodos no dependen del arsenal disponible.

3. El guardado responde orando

La noche de la ventana quedó registrada dos veces en la Biblia. Aquí como fuga, y en el encabezado del Salmo 59 como oración, compuesto «cuando Saúl envió hombres a vigilar la casa para matarlo». Mientras los mensajeros rondaban la puerta, David convertía el miedo en canción, Tú has sido mi baluarte y mi refugio en el día de mi angustia. Esa será su costumbre durante todos los años de persecución que vienen, y por eso el salterio está lleno de cuevas y ventanas. ¿Qué haces tú con tus noches de ventana? El alivio que solo respira hondo se tiende a olvidar pronto, en cambio el alivio que ora se convierte en fe para la próxima noche.

Tres veces intentaron matarlo en un solo capítulo, y tres veces se encontraron con el Guardián.

Señor, Tú guardas los pies de tus santos, y este día queremos verte detrás de cada protección que hemos recibido. Gracias por los escudos con rostro humano que pusiste en nuestro camino, y por las veces que interviniste en persona sin que lo supiéramos. Enséñanos a responder como David, convirtiendo las noches de miedo en canciones de refugio. Y haznos escudo de alguien más. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Samuel 19, 1 Corintios 1, Lamentaciones 4, Salmos 35

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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