¿Hasta cuándo?

«¿Hasta cuándo seréis negligentes para ir a poseer la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os ha dado?» (Josué 18:3, NBLA)

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El pueblo entero se reúne en Silo, y allí, en el corazón de la tierra, se planta el tabernáculo. Dios queda en el centro de la nación, y ese es el momento más importante del día. Pero en medio de todo eso, Josué suelta una pregunta que incomoda, «¿hasta cuándo seréis negligentes para ir a poseer la tierra?» (18:3). Todavía había siete tribus sentadas, sin ir a tomar lo que Dios ya les había entregado. Con esa pregunta arranca lo que veremos hoy, un pueblo que se quedó quieto, y un líder que hizo todo lo contrario.

Entendiendo el pasaje

Lo primero que hace la congregación al llegar a Silo es levantar la tienda de reunión (18:1). Antes de terminar de repartir la tierra, ponen a Dios en el centro. Y ahí, con Dios en medio, Josué encara a las siete tribus que todavía no habían recibido ni ocupado su heredad. Lo que las detenía no era la falta de promesa, la tierra ya era suya por palabra de Dios. Las detenía la desidia. Así que Josué toma cartas en el asunto, manda tres hombres por tribu a recorrer la tierra, dibujarla en un pergamino y dividirla en siete partes, y luego echa suertes delante del Señor para repartirla (18:4-10).

Y las suertes van cayendo, tribu por tribu. Benjamín, Simeón, que se acomoda dentro del amplio territorio de Judá porque Judá cedió de lo suyo, y las tribus del norte. Hasta que, al final de todo, cuando cada tribu ya tenía su porción, le toca a Josué (19:49-51). Y llama la atención lo que pide. No reclama la mejor ciudad, pide Timnat-séraj, un lugar en ruinas que tendría que levantar con sus propias manos. El líder recibe de último, y recibe escombros.

Tres verdades bíblicas

1. Dios ya te había dado la tierra; el problema fue no ir a tomarla

Detente en lo que reprocha Josué, porque es fino. No los regaña por haber perdido una batalla ni por haberse rebelado. Los regaña por quedarse quietos. La tierra ya era de ellos, «la que el Señor, Dios de vuestros padres, os ha dado» (18:3). No les faltaba nada de parte de Dios. Les faltaba levantarse e ir a tomarla.

Ese es un peligro silencioso también para nosotros. No siempre le fallamos a Dios haciendo algo malo, muchas veces le fallamos no haciendo nada. Nos acomodamos con lo poco, nos quedamos sentados sobre promesas sin estrenar, tranquilos donde estamos, mientras Dios ya nos había abierto camino para avanzar. La negligencia no hace ruido, pero deja la bendición sin tocar.

2. Un líder que se puso de último

Ahora mira el contraste con Josué. Él le había exigido diligencia al pueblo, y no se quedó en el discurso, se la aplicó a sí mismo. Recibió su heredad de último, después de que todas las tribus tuvieran la suya. Y no eligió lo mejor, eligió una ciudad en ruinas para reconstruirla.

Piensa en cómo actuaban los reyes de aquella época. Conquistaban y agarraban para sí lo primero y lo mejor, el mejor palacio, la mejor tierra, el mejor botín. Josué tenía todo el poder para hacer lo mismo. Y se puso al final de la fila. Eso es servicio del bueno, ceder el primer lugar cuando uno podría tomarlo sin que nadie se lo reproche. La diligencia que le pidió al pueblo, la vivió él con humildad.

3. El siervo mayor tomó el último lugar

Y ese Josué que se pone de último nos deja ver, en pequeño, a alguien mayor. Siglos después vino otro que, teniendo por derecho el primer lugar de todos, lo dejó para ocupar el último. Jesús lo dijo de sí mismo, «no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20:28). Josué recibió una ciudad en ruinas para levantarla con sus manos. Jesús recibió una cruz, y en ella nos levantó a nosotros.

Por eso, cuando Dios nos llama a ponernos de último, a servir sin cobrar, a ceder el lugar, no nos está pidiendo algo que él no haya hecho primero. Nos pide que nos parezcamos a su Hijo.

Reflexión y oración

Que Dios nos libre de la pereza que deja su bendición sin estrenar, y nos dé el corazón diligente del que se pone de último para servir.

Padre, gracias porque, como a Israel en Silo, pusiste tu presencia en el centro de tu pueblo. Perdónanos las veces que nos hemos quedado sentados sobre lo que tú ya nos diste, tranquilos con lo poco, sin movernos a tomar lo que prometiste. Danos diligencia para caminar en tu voluntad. Y danos también el corazón de Josué, que teniendo el poder de ser primero se puso de último, porque así fue tu Hijo, que teniendo todo derecho al trono tomó una cruz para levantarnos. Enséñanos a servir como él sirvió. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Josué 18-19, Salmos 149-150, Jeremías 9, Mateo 23

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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