La vara que floreció

«Y aconteció que el día siguiente, Moisés entró en la tienda del testimonio, y allí estaba la vara de Aarón de la casa de Leví que había retoñado y echado botones, y había producido flores y almendras maduras» (Números 17:8, NBLA)

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Después del fuego que cayó sobre los rebeldes y de la plaga que se detuvo entre los muertos y los vivos, uno esperaría que Dios siguiera hablando con juicio. Pero el Señor abre el siguiente capítulo con una imagen sorprendentemente delicada, una vara seca que en una sola noche se llena de flores y almendras. Donde el pueblo había sembrado rebelión, Dios responde con vida. Hoy abrimos dos capítulos que el plan de M’Cheyne junta, Números 17 y 18, donde Dios sostiene a su pueblo con un sacerdocio confirmado y una herencia que no se mide en tierras.

Entendiendo el pasaje

Después de la rebelión de Coré, el pueblo seguía inquieto. Aunque el juicio había sido contundente, Dios sabía que muchos corazones todavía dudaban. Por eso ordenó una señal pacífica. Cada tribu debía traer una vara con el nombre de su líder, y la vara de Leví llevaría el nombre de Aarón. Las doce varas se pondrían toda la noche delante del arca del testimonio, y la del hombre que el Señor había escogido retoñaría. Al amanecer, las once seguían secas. La vara de Aarón había retoñado, había echado botones, flores y hasta almendras maduras. Lo que en la naturaleza toma meses, Dios lo hizo en horas.

Hay un detalle bello en el texto. La palabra hebrea para almendro es «el vigilante», el árbol que primero despierta del invierno. Jeremías 1 retoma esa imagen cuando Dios le dice «velo sobre mi palabra para cumplirla». La vara que floreció no era solo una confirmación de Aarón, era una señal de que Dios vigila lo que ha dicho. En el capítulo 18, el Señor habla directamente con Aarón y le confirma sus responsabilidades junto con las de los levitas. Y al final del capítulo, le dice una frase que cambia todo, los levitas no recibirán tierra como heredad porque «Yo soy tu porción y tu heredad entre los hijos de Israel». Dios mismo era la herencia de los suyos.

Tres verdades bíblicas

1. Dios confirma con vida lo que su pueblo cuestionó con muerte

Después del juicio del capítulo 16, Dios podría haber repetido fuego. Escogió flores. La vara muerta que florece es una señal de paciencia asombrosa, una respuesta de gracia a un pueblo que apenas dejaba de murmurar. Y el detalle del almendro lo hace aún más claro, el árbol que vigila, el primero en despertar, el que anuncia que Dios está atento a su Palabra para cumplirla.

Hermano que me escuchas, Dios no se cansa rápido. Cuando ya hubo motivos para destruir, todavía busca formas de convencer. Si tú hoy estás dudando del orden que Él ha establecido, recuerda esto, antes de la siguiente plaga viene una vara que florece. Dios prefiere convencerte que castigarte.

2. Quejarse de los siervos legítimos de Dios es quejarse de Dios mismo

El versículo 10 es de los más serios del capítulo. Dios le dice a Moisés que guarde la vara de Aarón como señal a los rebeldes, «y harás cesar sus quejas contra mí, para que no mueran». Las quejas iban contra Aarón, pero Dios las recibe como dirigidas contra él. Cuando un líder legítimo del pueblo de Dios sufre, Dios sufre con él. Pablo lo aprendió en el camino a Damasco, perseguía a la iglesia y oyó la voz del cielo, «Saulo, ¿por qué me persigues?». La herida del siervo era la herida del Señor.

Dijimos ayer, y vale la pena repetirlo, esto no convierte a los siervos de Dios en personas incuestionables. Aarón mismo cayó en Meriba. Lo que esta verdad enseña es otra cosa. Cuando hay malicia, murmuración constante, oposición sistemática contra quien Dios ha puesto en su pueblo, esa amargura no se queda en el plano humano. Pasa hacia arriba. El pueblo de Dios necesita aprender a hablar de sus líderes con temor de Dios, incluso cuando los corrige.

3. La vara que floreció anuncia un Sacerdote vivo y una herencia segura

La vara de Aarón terminó guardada dentro del arca, junto a la urna del maná y las tablas del pacto. Tres recordatorios visibles, el pan que Dios provee, la palabra que Dios habla y el sacerdote que Dios escoge. Pero la vara, por más milagrosa que fuera, era madera. Aarón murió, y otros tomaron su lugar. El sacerdocio aarónico siempre necesitaba reemplazo porque sus sacerdotes morían. Hebreos 7 lo dice con belleza, Cristo es Sacerdote «no según la ley de un mandamiento de la carne, sino según el poder de una vida indestructible». La vara muerta que floreció apunta hacia un Sacerdote que pasó por la muerte y volvió con fruto que no se acaba.

Y el cierre del capítulo 18 trae el regalo más grande. A los levitas que no recibieron tierra, Dios les dijo «Yo soy tu porción y tu heredad». No tenían parcelas, lo tenían a Él. Hoy, todos los que estamos en Cristo somos linaje sacerdotal, dice Pedro, y nuestra herencia es la misma. No tenemos garantizadas tierras ni ausencia de problemas. Tenemos a Dios mismo. Y eso basta.

Reflexión y oración

El almendro vigila el invierno y anuncia la primavera; Cristo vigila tu vida y anuncia que tu herencia ya está segura. La vara seca floreció para confirmar a Aarón; la cruz floreció en resurrección para confirmar a Cristo. Si tú lo tienes a Él, lo tienes todo, aunque tu mano esté vacía de lo que el mundo llama heredad.

Padre nuestro, gracias porque tu paciencia es tan grande como tu santidad. Gracias por la vara que floreció para confirmar a Aarón, y gracias por Cristo, el Sacerdote vivo cuya vida no se acaba. Perdónanos cuando murmuramos como aquel pueblo, y enséñanos a hablar con temor santo de los siervos que tú has puesto. Recuérdanos cada día que tú mismo eres nuestra herencia, lo único que nadie puede arrebatarnos. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Números 17-18, Salmos 55, Isaías 7, Santiago 1

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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