Lo secreto, a plena luz

«Quizá el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por sus maldiciones de este día» (2 Samuel 16:12, NBLA).

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David va camino al exilio, descalzo y llorando, y hoy lo alcanzamos en la bajada del monte. Es un día de golpes encadenados, una calumnia, una lluvia de piedras, y al final la noticia más amarga de todas llegando desde su propio palacio. Y en medio de los golpes, el rey bajo disciplina nos deja lecciones importantes sobre cómo se recibe la humillación cuando sabes que la mano de Dios está en ella.

Entendiendo el pasaje

El capítulo alterna entre el camino y la ciudad. En el camino, David recibe dos visitas de la casa de Saúl. Primero Siba, el criado de Mefiboset, que llega cargado de asnos, pan y vino, y trae también una acusación grave, que su amo se quedó en Jerusalén esperando recuperar el reino de su abuelo. David, agotado y agradecido, le regala las tierras de Mefiboset sobre la palabra de un solo hombre. Guarda esa escena, porque el texto va a desmentir a Siba cuando el rey regrese. Después aparece Simei, de la familia de Saúl, apedreando la caravana y gritando que David es un hombre sanguinario que cosecha lo que hizo. Abisai ofrece cortarle la cabeza, y David responde con el versículo de hoy, déjenlo que maldiga, quizá el Señor se lo dijo, quizá mire mi aflicción.

Mientras tanto, en Jerusalén, Husai se infiltra ante Absalón, la respuesta a la oración de David ya está trabajando. Y Ahitofel da su primer consejo, una tienda sobre el terrado del palacio y las concubinas de David a la vista de todo Israel. La sentencia de Natán se cumple palabra por palabra, lo que hiciste en secreto se hará delante de todo Israel y a plena luz, y en el mismo terrado donde comenzó todo.

Tres verdades bíblicas

1. No dictes sentencia con un solo testigo

El rey que practicaba derecho y justicia con todo su pueblo le quitó las tierras a Mefiboset en un minuto, sobre la versión de un criado que llegaba cargado de regalos. Sin preguntar y sin escuchar al acusado, que era cojo de los dos pies y no podía correr a defenderse. Proverbios lo advierte, el primero que presenta su caso parece justo, hasta que llega el otro y lo examina. Aplícalo sin excepciones. La historia que te llega envuelta en halagos y lealtad por todos lados es exactamente la que más debes verificar, porque el que habla mal del ausente mientras te sirve suele estar cobrando algo. Toda decisión sobre una persona exige escuchar a esa persona. David tenía el corazón roto y el cansancio encima, y aun así el texto no le perdona la precipitación. A ti tampoco te la perdonarán los que salgan heridos por tu juicio apresurado.

2. Bajo disciplina, escucha lo que Dios te diga incluso a través de bocas injustas

Simei estaba equivocado en el cargo. David no era culpable de la sangre de Saúl, toda esta serie lo demostró, y sin embargo el rey no devuelve la piedra ni manda callar al que grita. Sabe que está bajo la vara de Dios por otros pecados, y prefiere absorber el insulto injusto antes que perderse lo que Dios pueda estar diciéndole en él. Quizá el Señor se lo dijo. Quizá mire mi aflicción. Ese «quizá» es la postura del corazón que la disciplina ya ablandó, sin exigencias, con esperanza humilde. Cuando estés bajo corrección de Dios y te llegue un ataque injusto, resiste las dos salidas fáciles, devolver el golpe o defenderte a gritos. Haz la pregunta correcta, ¿qué hay aquí que Dios quiera que yo oiga, aunque el mensajero y las formas no sean de mi preferencia? La vindicación existe, y le pertenece a Dios, que la entrega a su tiempo y sin que tú tengas que cortar cabezas.

3. Lo que hiciste en secreto, Dios lo trata a plena luz

El terrado cierra el círculo. En ese techo del palacio David miró lo que no debía, y en ese mismo techo Israel entero vio la vergüenza de su casa, tal como Natán lo anunció palabra por palabra. Detente en lo que eso enseña sobre Dios. Cumple sus advertencias con la misma exactitud con que cumple sus promesas, porque es una sola fidelidad, la de un Dios que no habla por hablar. Tú que sigues coqueteando con el pecado escondido, esta es tu advertencia de hoy. La cláusula de exposición sigue vigente, nada hay encubierto que no haya de ser revelado. La confesión voluntaria de hoy siempre sale más barata que la exposición de mañana. Pregúntale a David, que pudo confesar a tiempo lo del terrado y terminó viéndolo todo desde el exilio, con el reino partido y la casa deshecha. El pecado te cobra en público lo que te prestó en secreto.

Señor, danos el corazón blando de David en la bajada del monte, el que no devuelve piedras y te busca a ti dentro de la aflicción. Guárdanos de juzgar con un solo testigo y de creerle al que adula. Y si alguno de nosotros esconde todavía su terrado, alcánzalo hoy con tu advertencia, porque tú tratas a plena luz lo que nosotros tapamos en secreto, y tu perdón está abierto para el que confiesa a tiempo. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

2 Samuel 16, 2 Corintios 9, Ezequiel 23, Salmos 70-71

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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