Vivimos en una sociedad cada vez más egoísta y centrada en sus propios deleites. Una sociedad en la que hablar de cosas como el abstenerse de ciertos placeres con el único propósito de buscar salud espiritual, contemplación y adoración a Dios; suena ridículo.

Pero el problema no es que eso pase en la sociedad, el problema es que la iglesia se vea afectada por ese pensamiento, al punto que la palabra “abnegación” resulta algo extraño para creyentes que solo buscan ser complacidos.

Es por eso que hablar de cosas como el ayuno como una práctica religiosa vigente entre los creyentes, suena extraño y es un tema casi erradicado de los púlpitos. Me temo que en el afán por buscar el conocimiento de Dios a través de la teología, lo cual no es nada malo, ha creado creyentes perezosos y nada preocupados por valerse de medios de gracia que demanden algún sacrificio, y que también nos acercan a Dios.

Contexto

El Señor Jesús nos ha estado enseñando acerca de cómo deben exhibir justicia los hijos del Reino. Se dice que es una justicia mayor a la de los escribas y fariseos (Mt 5:20). Ella está basada no solo en buscar ser vistos de los hombres, sino en una adoración también interna, del corazón.

Esta justicia implica una religión verdadera, y para ilustrar la manera de practicarla, el Señor se vale de 3 ejemplos prácticos: la limosna, la oración y el ayuno, que si bien no son las únicas prácticas piadosas a las que los creyentes debemos aspirar, si son elementales.

Después de haber hablado de la limosna y enseñarnos acerca de la oración (cómo hacerlo y cómo no hacerlo) El Señor se ocupa aquí de la última práctica o el último ejemplo: El ayuno.

Seguiremos la estructura que hemos seguido para los dos aspectos anteriores: (1) La práctica bíblica del ayuno; (2) La manera incorrecta de ayunar y su recompensa; (3)La manera correcta de ayunar y su recompensa y (4) Más que comida (aplicaciones prácticas)

La práctica bíblica del ayuno

Y cuando ayunéis

La práctica del ayuno es entendida como la abstinencia total o parcial de alimentos, la cual alguien asume de manera voluntaria como un hábito religioso. En múltiples ocasiones el ayuno estaba vinculado a la oración, como una forma de intensificar la contemplación y la adoración.

En el AT Dios por medio de Moisés había establecido un solo día de ayuno al año (Lv 16:29-31):

Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros.  Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová.  Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo.

El día de la expiación era el día señalado; sin embargo, la práctica del ayuno estuvo asociada frecuentemente a la humillación (Neh 9:1ss), la búsqueda de dirección de Dios (2 Cro 20:3) y a la búsqueda incesante de la intervención de Dios en una situación de muerte (David y su hijo con Betsabé enfermo 2 S. 12:16, 21–23). entre otros motivos.

Para los días de Cristo, el fariseo había establecidos dos días a la semana de ayuno, según se cree lunes y jueves Incluso Juan el Bautista y sus discípulos también ayunaban con regularidad.

Tal como vemos aquí las palabras y cuando ayunéis nos muestran que el Señor espera que sus seguidores ayunen. De la misma manera que es para que den limosnas o que oren, también espera que ayunen. No es un mandato, es algo que Cristo asume que sucede con aquello que viven en el reino.

La vigencia del ayuno

Algunas personas argumentan que los cristianos no deberían practicar el ayuno. Algunos de sus argumentos son que era una práctica del Antiguo Testamento, o que es una herencia de la iglesia católica y otros más. Contestemos a ellos:

  1. El ayuno no es una práctica exclusiva del Antiguo Testamento. De hecho, nosotros podemos ver a el mismo Señor Jesucristo ayunando de manera contemplativa durante 40 días. Los apóstoles oraron buscando dirección antes de enviar a Pablo y a Bernabé (Hch.13:2, 3), y la constitución de ancianos (Hch. 14:23). El mismo Pablo también ayunó como parte de os padecimiento de su ministerio (2 Cor 11:27)
  2. Por otro lado, el hecho de que la práctica del ayuno sea observada con una mala motivación no debe llevarnos a nosotros a dejar de hacerlo, en tal caso n deberíamos asumir ningún compromiso o responsabilidad espiritual porque otro grupo las observan mal. Pas al respecto de las ofrendas y otros asuntos.

Algunos han sugerid que siendo el ayuno una práctica asociada a la aflicción, no deberían los creyentes practicarla puesto que Cristo ha sido nuestro gozo; sin embargo, hay una razón por la que el ayuno está vigente para los creyentes de esta época y es precisamente porque es una manera de esperar con gran deseo el regreso de Cristo.

 Entonces se le acercaron los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero tus discípulos no ayunan?  Y Jesús les dijo: ¿Acaso los acompañantes del novio pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán.  Y nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo; porque el remiendo al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan. (Mt 9:14-17 BLA)

Cuando el esposo les sea quitado ayunarán ¿hasta cuándo? Hasta que el esposo regrese Mt 25:6 (parábola de las diez vírgenes.)

Pero este ayuno no es conforme al sistema viejo; tiene otras motivaciones, es basado en un nuevo y mejor pacto. No es un ayuno de aflicción sino de esperanza. Es un deleite y un anhelo de él.

Pero hay peligros al asumir esto, como ciertamente lo hay en cuanto a la oración y a la limosna y los fariseos, que eran expertos en valerse de lo piadoso para hacerlo un show hipócrita.

La manera incorrecta de ayunar y su recompensa

Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

Tal como mencionamos arriba; los fariseos del tiempo de Cristo, habían convertido el ayuno en algo para alimentar su necesidad de ser alabados y observados como piadosos. Ellos salían a exhibir sus lánguidos rostros y sus cabezas llenas de ceniza sólo para que aquellos que los vieran les alabaran por su quebranto y humillación, dado que esa era la connotación que la práctica tenía; pero realmente no había nada en sus corazones. Ellos no tenían arrepentimiento genuino en sus corazones.

Isaías 58 1:12 (leer) es una advertencia enérgica contra aquellos que buscan ayunar solo como una práctica religiosa sin fruto, nada vinculada a la verdadera piedad. Un ayuno que no es acompañado de devoción, oración y adoración no es más que una huelga de hambre.

Algunos hoy no están libres de ese pecado. Algunos ostentan acerca de los días de sus ayunos o del tipo de ayuno que hacen, solamente para mostrar que son espirituales. Eso no es menos pecaminoso que lo que los fariseos hacían.

El ayuno no nos hace más espirituales. Nadie es más por lo que come y nadie es menos por lo que no come. Nuestra posición y favor están en Crsto; de modo que si nuestra motivación al horar es buscar ser más espirituales que los demás; eso es una mala motivación. Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios, pues ni porque comamos seremos más, ni porque no comamos seremos menos (Rom 8:8).

Los fariseos consideraban que hacer públicos sus ayunos los hacía más aceptos delante de Dios, la tradición había agregado más días de los que en el Antiguo Testamento se habían establecido, sólo para ostentar algún tipo de superioridad sobre otras personas. Note las palabras del fariseo de la parábola de Cristo que oraba consigo mismo:

El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. (Luc 18:11-12)

La recompensa

Como en los casos anteriores (la oración y la limosna) toda la recompensa que recibirá el que ayuna para ser visto de los hombres es eso, ser visto de los hombres y nada más.

Pero, si el ayuno está vigente y esta no es la forma de hacerlo, ¿cómo debemos proceder? Cristo nos lleva al siguiente aspecto acerca del ayuno…

La manera correcta de ayunar y su recompensa

Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

La idea del Señor es clara: Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para no convertir el ayuno en un show que busque que nosotros seamos observados; sino que debemos hacerlo para el Señor.

Contrario a demudar el rostro, Jesús manda a ungir la cabeza y lavar e rostro. A quitar la ceniza y limpiar la cara.

La recompensa

Cuando nuestro motivo para ayunar es Dios, él mismo es nuestra recompensa. Esta recompensa. Nuestro ayuno es por un deseo incesante de él. John Piper en su libro ‘Hambre por Dios’ dijo lo siguiente:

Hemos saboreado los poderes de la era por venir y nuestro ayuno no es porque tengamos hambre de algo que no hemos experimentado, sino porque el vino nuevo de la presencia de cristo es tan real y tan grato. debemos de tener todo aquello que es posible tener. la novedad de nuestro ayuno es que: su intensidad viene no porque hayamos probado el vino de la presencia de Cristo, sino por haberlo saboreado tan maravillosamente por su espíritu, y no podemos ahora ser satisfechos hasta que la consumación del gozo arribe. el nuevo ayuno, el ayuno cristiano, es un hambre por toda la llenura de Dios (efesios 3:19), provocada por el aroma del amor de Jesús y por el sabor de las bondades de Dios en el evangelio de cristo. (hambre por Dios; John Piper, pg 19).

Cuando esa es la motivación de nuestro ayuno, esa será nuestra recompensa.

Más que comida (aplicaciones prácticas)

Cuando pensamos en ayuno corremos el riesgo de pensar sólo en comida. Hay varias razones por las cuales ayunamos. Al respecto de esto, Juan Calvino dijo en sus Instituciones de la Religión Cristiana lo siguiente:

El ayuno santo y legítimo se observó con tres fines: pues ayunamos, o para dominar y someter la carne, a fin de que no se regocije demasiado; o para estar mejor preparados a orar y meditar cosas santas; o para humillarnos delante de dios cuando queremos confesar nuestras faltas delante del señor.

El ayuno lleva al creyente a un estado de sensibilidad mucho mayor al respecto de su propio pecado como resultado de oración y la meditación en el Señor. Es por eso que el ayuno es considerado como una forma de intensificar la oración. Al respecto de eso, Juan Calvino también afirma:

Por esto dice San Pablo que los fieles hacen muy bien en abstenerse del lecho conyugal por algún tiempo, para entregarse con mayor libertad a la oración y al ayuno (1 cor. 7:5) [algunos manuscritos parecen sugerir que oración y ayuno es una interpretación adecuada al pasaje de 1 cor 7:5]. Al unir aquí el ayuno a la oración como una ayuda suya, advierte que el ayuno no tiene importancia ninguna, sino en cuanto se refiere a este fin, además, al mandar en este pasaje a los casados, que unos a otros se den mutua consideración (1 cor 7:3), es claro que él no habla de oraciones ordinarias y cotidianas, sino de oraciones que requieren mucha mayor atención.

Conclusiones

Estoy plenamente convencido de la necesidad que la iglesia de este tiempo tiene de recuperar prácticas y hábitos que fueron característicos y típicos de tiempos gloriosos. Avivamientos de ciudades y países enteros han estado precedidos por tiempos intensos de oración y aflicción en ayuno; por supuesto, se trata de un tema mucho más amplio, el ayuno no solo debe llevarnos a tratar enérgicamente con nuestros alimentos, sino con todo aquello que sea necesario a fin de tener una relación con Dios mucho más íntima y verdadera.

Quiera el Señor llevarnos a lidiar con todos los hábitos que comprometen nuestra relación con él, a fin de servir con mayor liberalidad, no siendo esclavos de nuestros deseos. Tal como menciona el apóstol Pablo: De esta manera peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (1 Cor 9:26:27).

Si de algo debemos convencernos hoy es de la verdad de la cual el Señor Jesucristo estuvo convencido en su tentación en el desierto: NO SOLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS.

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