El Antiguo Testamento como testigo del evangelio – Parte 1

Nuestro padre Abraham, tiene muchos, muchos hijos
Uno de ellos soy, igual que tú, doy gracias al Señor

Todavía recuerdo cuando escuché ese canto infantil por primera vez y una de las preguntas que rondaba mi mente para entonces era ¿qué significa que soy hijo de Abraham? Es más, ¿cómo es que llegué a convertirme en hijo de Abraham?

Con el tiempo pude entender que ese cántico estaba cargado de una profunda verdad teológica, un tremendo aliento para el alma, uno que lamentablemente no entendía en ese momento. Hoy nos vamos a concentrar en desentrañar la verdad detrás de la idea del “padre Abraham”; pero esta vez a la luz de las palabras del apóstol Pablo a los hermanos de Galacia.

Como hemos visto en el transcurso de esta carta, Pablo ha estado escribiendo a una iglesia que estaba siendo atacada por falsos maestros que estaban enseñando que no era suficiente creer en Cristo para ser salvos, sino que además necesitaban guardar las leyes judías, entre ellas la circuncisión, pues según ellos esa era la forma de pertenecer al Pueblo de Dios; sin embargo, el Apóstol ha estado mostrando que el evangelio enseñado por él es auténtico (Cap. 1-2). Y ahora, a partir del capítulo 3 ha estado mostrando que hay pruebas suficientes para creer que la salvación solo viene por la fe y no por guardar las obras de la ley.

El primer argumento esbozado por Pablo fue el de la experiencia de conversión de los gálatas y cómo recibieron el Espíritu por medio de la fe y creer en nada más que el evangelio; pero ahora Pablo continúa con su argumentación, esta vez apelando al testimonio del Antiguo Testamento, más específicamente a la vida de Abraham como un ejemplo de que el hombre es justificado o ace