Firmeza en el entendimiento de la eternidad | 1 Corintios 15:35-58

¿Qué hay exactamente después de la muerte? ¿Cómo serán nuestros cuerpos luego de la resurrección? ¿Qué vamos a hacer en la eternidad? Estas son las preguntas que vienen a la mente de cualquiera que se acerque al cristianismo y escuche hablar de la esperanza futura, algunos renuncian a la curiosidad y se rinden y se ocupan de vivir el aquí y el ahora, lo cierto es que este no es un tema al que simplemente le sacamos el cuerpo. Si Cristo
resucitó entonces hay algo al otro lado de la muerte y su Cristo resucitó con un cuerpo físico, sobrenatural pero físico, entonces significa que ese algo que existe al otro lado de la muerte requiere un cuerpo físico. Como lo hemos mencionado, la realidad de la eternidad está estrechamente ligada al hecho histórico de la resurrección.

No podemos simplemente asombrarnos por las abrumadoras pruebas a favor de la resurrección de Cristo y dejar de ver las implicaciones que esto tiene para nuestra esperanza futura. En efecto, hay quienes se sienten cristianos interesante mente brillantes al hablar de la resurrección y toda la evidencia científica, pero se sienten como totora o pequeños infantes sin certeza acerca de las cosas futuras. Los escuchas decir:

— Bueno, tal vez es posible que haya algo, no lo sabemos, puede sea algo desconocido o espiritual etc. Pero no hay mucha certeza de que será, hablemos de otra cosa.
Abandonan corriendo la doctrina de las cosas futuras y la vida después de la muerte porque requieren más que intelectualismo, necesitan fe y esperanza, confianza en lo que no ven y esto parece no ser nuevo, era en el fondo el problema de los de Corinto. En efecto, ellos habían abaratado la idea extraña de que la meta final de la vida
cristiana era llegar a ser espirituales, algo que según ellos ya habían alcanzado al ser bautizados y participar de la cena, por lo que ya no era necesaria, una resurrección corporal.
Esto provenía seguramente de la idea platónica de que lo material ha de ser desechado mientras que los inmaterial o “espiritual” es lo que al final importa.

Ante esta impotencia para lidiar con la idea de un cuerpo que iba a resucitar, los de Corinto creían que en realidad los cuerpos sólo iban a ser desintegrados pero que sus espíritus quedarían perdurando por l eternidad, seguramente en una especia de limbo perpe