Devocional para el 2 de mayo

«Al mandato del Señor acampaban los hijos de Israel, y al mandato del Señor partían. Hacían guardia conforme al mandato que el Señor había dado por medio de Moisés» (Números 9:23, NBLA)

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El capítulo 9 de Números trata dos asuntos del último mes en el Sinaí antes de que el pueblo se ponga en marcha. La primera mitad cuenta cómo Israel celebra la segunda Pascua, un año después de aquella primera noche en Egipto. La segunda mitad describe la nube que cubría el tabernáculo y servía de guía al pueblo. Son dos temas distintos. No vamos a forzar una conexión entre ellos. Cada uno tiene su propia enseñanza, y los dos hablan fuerte hoy.

Entendiendo el pasaje

La Pascua se celebraba el día catorce del primer mes. Pero hubo un grupo de hombres que no podía participar porque estaban ceremonialmente impuros, habían tocado un cadáver. Vinieron a Moisés con una pregunta sincera. ¿Qué pasa con nosotros? Moisés consultó al Señor, y la respuesta de Dios fue preciosa. Quien por contacto con muerto o por estar de viaje lejos no pudiera celebrar la Pascua a su tiempo, podría celebrarla un mes después, el día catorce del segundo mes. Hay misericordia para quien tiene un impedimento.

Pero junto a esa misericordia viene una advertencia seria en el versículo 13. Quien estando limpio y sin estar de viaje deje de celebrar la Pascua, será cortado de su pueblo. La provisión del segundo mes era para los que tenían razón. No para los que tenían pereza.

El versículo 14 añade algo importante. El extranjero que reside con el pueblo y quiere celebrar la Pascua tiene los mismos derechos que el natural de la tierra. La misma ley para los dos. Israel siempre fue comunidad de fe, no de raza.

La segunda mitad del capítulo describe la nube. Cuando Moisés terminó de erigir el tabernáculo, una nube lo cubrió, y de noche tenía apariencia de fuego. La nube señalaba la presencia de Dios y al mismo tiempo era el sistema de guía del pueblo. Cuando se levantaba, Israel marchaba. Cuando se detenía, Israel acampaba. A veces era una sola noche, a veces meses enteros. Tres veces el texto repite la misma frase, al mandato del Señor.

Tres verdades bíblicas

  1. Lo que Dios manda recordar nunca es opcional. La Pascua era el corazón de la identidad de Israel. Por la sangre del cordero ese pueblo existía, y olvidar la Pascua era olvidar quién los hizo pueblo. Por eso la advertencia es tan seria. Hay misericordia para quien tiene un impedimento legítimo, y hay juicio para quien tiene excusas baratas. Y esto golpea hoy. La cena del Señor, la adoración comunitaria, la memoria viva del evangelio, son centrales para el pueblo de Dios. Quien las trata con liviandad demuestra que no ha entendido el peso de su redención.
  2. En el pueblo de Dios el extranjero que cree tiene lugar. El versículo 14 abre la puerta de Israel a cualquiera que viniera por fe. Misma ley, mismos derechos, mismo Dios. Y esto se cumple plenamente en Cristo. La iglesia se entra por la fe en el Cordero. Pablo lo dice así en Efesios, ya no son extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Si has venido a Cristo, tienes ciudadanía completa en su pueblo. Nada te falta.
  3. El pueblo redimido camina al ritmo de Dios. La nube se levantaba o se quedaba, y el pueblo respondía. La duración la decidía Dios. A veces los hacía esperar meses cuando ellos quizás querían avanzar. A veces los ponía en marcha de noche cuando recién habían acampado. Y aquí hay una lección que duele. El cristiano fiel es el que mira la nube de su Señor y se mueve cuando él se mueve. La obediencia incluye los tiempos. Hacer lo que Dios manda cuando Dios lo manda es parte de la obediencia. Si Dios te tiene esperando, espera. Si Dios te pone en marcha, marcha.

Reflexión y oración

Recordar lo que Dios hizo, abrir la puerta a los que él trae, y caminar a su ritmo. Tres marcas del pueblo que vive bajo el mandato del Señor.

Señor, gracias porque tu pueblo existe por la sangre de un Cordero, y gracias porque ese Cordero es Cristo. Ayúdanos a no tomar nunca con liviandad lo que tú nos llamaste a recordar. Ayúdanos a recibir como hermanos a todos los que vienen por fe a tu Hijo. Y enséñanos a movernos al ritmo de tu nube, a esperar cuando tú esperas y a marchar cuando tú marchas. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Números 9, Salmos 45, Cantares 7, Hebreos 7

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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