Nos escogió, pero no por nosotros

«El Señor no puso su amor en vosotros ni os escogió por ser vosotros más numerosos que otro pueblo, pues erais el más pequeño de todos los pueblos; sino porque el Señor os amó…» (Deuteronomio 7:7-8, NBLA)

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Todos cargamos la sospecha de que el amor hay que merecerlo, que nos quieren por lo que aportamos o por lo que valemos. El capítulo 7 desarma esa idea de raíz cuando Moisés le explica a Israel por qué Dios lo escogió. Y la respuesta no tiene nada que ver con ellos.

Entendiendo el pasaje

El capítulo abre con una orden difícil de leer. Cuando entren a la tierra, dice Moisés, destruyan por completo a las siete naciones cananeas, sin pactos y sin matrimonios con ellas, derribando todos sus altares. No es crueldad sin sentido. Los cananeos practicaban prostitución de culto, sacrificio de niños y toda clase de ocultismo, y Dios sabía que esa cultura contaminaría a Israel y lo arrastraría a la idolatría. La historia posterior le daría la razón, porque cuando Israel no obedeció, terminó adorando a los dioses de los pueblos que perdonó. La separación radical protegía el gran mandamiento que vimos ayer, amar a un solo Dios con todo. Y entonces, en medio de instrucciones tan severas, Moisés deja caer la razón de todo. ¿Por qué Israel y no otro pueblo? No por número, no por mérito, no por grandeza. Eran los más pequeños de todos. Dios los amó porque quiso amarlos, y porque fue fiel al juramento que les hizo a sus padres.

Tres verdades bíblicas

1. Dios no te escogió por lo que vales, sino por el puro afecto de su voluntad.

Israel era el pueblo más pequeño, el menos impresionante de todos. La elección no fue un capricho sin motivo, hubo una razón, pero esa razón no estaba en ellos, estaba enteramente en Dios. Y aquí Pablo nos lleva más lejos. Dice que Dios nos escogió según el puro afecto de su voluntad, y en Efesios 2 lo deja sin escape, estábamos muertos en nuestros pecados cuando por su gran amor nos dio vida, no por obras, no por algo bueno que Él viera en nosotros. Tú que me escuchas hoy, deja de buscar dentro de ti la causa por la que Dios te amaría, porque nunca estuvo ahí. La razón de tu elección vive en su corazón, no en tus méritos.

2. El amor que escoge también aparta.

Moisés le dice a Israel que es un pueblo santo, y santo quiere decir apartado, separado para Dios. El amor del Señor no era para que Israel se mezclara con Canaán hasta volverse igual, sino para que viviera distinto en medio de las naciones. Hermano, ser amado por Dios trae consigo una vida apartada de lo que contamina. La santidad no es la cuota que pagas para que Dios te ame, es la forma natural de un pueblo que ya fue amado y separado. Si Dios puso su afecto en ti, tu vida ya no puede verse igual a la de quien no lo conoce.

3. Su amor descansa en su fidelidad, no en la tuya.

Fíjate dónde apoya Moisés todo el peso. Dios los amó por el juramento que hizo a sus padres, porque Él es el Dios fiel que guarda su pacto y su misericordia hasta mil generaciones. El fundamento del amor de Dios está en su propia fidelidad, no en la nuestra, que sube y baja como la marea. Y esto te da el descanso más grande que existe. Tu salvación no se sostiene en tu constancia, que falla cada semana, sino en la fidelidad de un Dios que no puede negarse a sí mismo. +El nos guarda en Su fidelidad, porque su amor nunca dependió de ti.

Reflexión y oración

El amor de Dios nunca fue una recompensa a tu valor, sino una decisión de su gracia, la misma que se hizo carne cuando Cristo murió por nosotros siendo aún pecadores.

Padre, gracias porque no nos escogiste por nada bueno que hubiera en nosotros, sino por el puro afecto de tu voluntad. Gracias porque nos amaste cuando estábamos muertos y no teníamos nada que ofrecerte. Enséñanos a vivir como tu pueblo apartado, sin volver a lo que mancha, y a descansar en tu fidelidad cuando la nuestra falle. Nosotros te amamos porque Tú nos amaste primero, y por Cristo, que nos amó hasta la cruz. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Deuteronomio 7, Salmos 90, Isaías 35, Apocalipsis 5

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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