Un cántico para la gloria a Dios

«Por haberse puesto al frente los jefes en Israel, por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente, bendigan al Señor.» (Jueces 5:2, NBLA)

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Ayer vimos la batalla contra Sísara desde el suelo, con el polvo, los carros y la estaca de Jael. Hoy la volvemos a ver, pero desde otro lugar. El capítulo 5 es la misma historia puesta en verso, cantada por Débora y Barac el día de la victoria. Y lo primero que hacen no es contar su hazaña. Lo primero que hacen es bendecir al Señor.

Entendiendo el pasaje

Si el capítulo 4 fue la crónica de los hechos, el 5 es la lectura de esos hechos desde arriba, desde donde Dios los mira. El cántico arranca llamando a reyes y príncipes a escuchar, y enseguida lleva la mirada atrás, a cuando el Señor salió de Seir y la tierra tembló y los montes se estremecieron delante de Él. Antes de hablar de Sísara, el canto habla de quién es Dios. Esa es la clave para leer todo lo demás.

Luego el cántico añade lo que la crónica no había dicho. Recuerda los días de miseria en que los caminos estaban desiertos y Débora se levantó como una madre en Israel. Repasa a las tribus que respondieron al llamado, Efraín, Benjamín, Maquir, Zabulón, Isacar y Neftalí, y también a las que se quedaron en casa, Rubén entretenido entre sus rebaños, y otras que ni aparecieron. Cuenta que el torrente de Cisón, crecido por la mano de Dios, arrastró al ejército que parecía invencible. Describe con detalle la muerte de Sísara a manos de Jael. Y cierra con una escena que corta el aliento, la madre de Sísara asomada a la ventana, esperando a un hijo que reparte botín y que nunca va a volver.

Tres verdades bíblicas

1. La alabanza guarda para mañana lo que Dios hizo hoy

Un cántico hace algo que un relato no siempre logra, se queda pegado. Israel iba a olvidar esta victoria, como olvidó tantas otras, y por eso la pusieron en música, para poder sacarla cuando el olvido volviera a tocar la puerta. Los cantos son bóvedas donde el pueblo de Dios guarda su verdad para los días en que la fe flaquea. Y fíjate qué guardaron aquí. No guardaron lo valientes que fueron, guardaron quién es Dios y qué hizo Él. Pregúntate qué sostiene los cantos que más repites. Si descansan en cómo te sientes, se caen el día que te sientas mal. Si descansan en quién es Dios, te van a sostener precisamente ese día.

2. La fe se nota en quién aparece cuando hay que pelear

Aquí el cántico se pone interesante. Con nombre y apellido, celebra a las tribus que subieron a jugarse la vida y señala a las que prefirieron quedarse. A Rubén lo pinta deliberando largo rato junto a sus rebaños mientras sus hermanos morían. Y a un pueblo llamado Meroz lo deja bajo maldición. No hicieron ningún mal. Simplemente no vinieron en ayuda del Señor cuando hacía falta, y con eso bastó. Duele, porque quedarse en casa casi nunca se siente como traición, se siente como prudencia. Pero Dios toma nota de quién se ofrece cuando su causa está en juego. No hace falta que te pregunte si crees. Basta con ver dónde estás el día que seguirlo cuesta algo.

3. El cántico apunta a una victoria y un canto mayores

El cántico termina repartiendo dos destinos. Que así perezcan todos los enemigos del Señor, dice, pero que los que lo aman sean como el sol cuando sale en toda su fuerza. Esa es la esperanza que el canto deja abierta, que amar a Dios no termina en derrota sino en amanecer. Y esa esperanza tiene un nombre. Los que aman a Dios salen como el sol porque Cristo ganó la victoria definitiva sobre el último enemigo, y arrastró a la muerte como el Cisón arrastró a los carros de Sísara. Débora y Barac cantaron por una liberación que duró cuarenta años. Nosotros esperamos el canto de los redimidos, que celebrará una victoria que no se acaba nunca.

Señor, gracias porque cada vez que nos rescatas nos das también una canción para no olvidarlo. Reconocemos que somos rápidos para celebrar lo que hacemos y lentos para recordar lo que haces tú. Enséñanos a cantar de ti, de tu carácter y de tu fidelidad, para tener a mano tu verdad el día que la fe nos flaquee. Y danos el valor de aparecer cuando tu causa nos cuesta algo, en lugar de mirar desde la comodidad de casa. Gracias porque en Cristo nos aseguraste el amanecer que este cántico apenas alcanzaba a soñar. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Jueces 5, Hechos 9, Jeremías 18, Marcos 4

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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