Sabio para unas cosas

«Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos» (1 Reyes 3:3, NBLA)

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Ayer el reino quedó afianzado en manos de Salomón, y David le dejó a su hijo un encargo con una condición, andar delante de Dios con todo el corazón. Hoy vemos qué hace un rey joven cuando ya nadie le disputa el trono, y lo primero que hace es arrodillarse. Este es uno de los capítulos más luminosos del libro. Por eso mismo es importante leerlo despacio, porque el autor le puso dos sombras al marco.

Entendiendo el pasaje

El capítulo es un cuadro de luz enmarcado por dos sombras. Abre con un dato político, Salomón se emparenta con Faraón y se casa con su hija. Un comentarista nota que esa expresión hebrea describe a alguien que queda subordinado a otro, y la ley ya advertía contra esas alianzas (Deuteronomio 7:3). Enseguida viene el segundo dato. Todavía no había templo, el pueblo adoraba en los lugares altos, y Salomón también. El narrador lo dice con una palabra pequeña, aunque.

Dentro del marco está la luz. En Gabaón, Dios se le aparece en sueños y le dice que pida lo que quiera. En el diálogo entre los dos se repiten dos palabras, corazón y David. Son las dos varas con las que este libro va a medir a cada rey, y ya están aquí, en el capítulo tres. Después viene el juicio de las dos madres, la sabiduría puesta a prueba en la sala del palacio. Y al final el pueblo entero reconoce que la sabiduría de Dios estaba en el rey.

Tres verdades bíblicas

1. El corazón que escucha empieza reconociendo que no sabe

Antes de pedir, Salomón confiesa. «Soy un muchacho y no sé cómo salir ni entrar» (3:7). El rey que acaba de asegurar el trono se presenta ante Dios como un aprendiz, y lo que pide es «un corazón con entendimiento para juzgar a Tu pueblo» (3:9). En hebreo dice literalmente un corazón que escucha. Es el primer paso del hilo que vamos a seguir en todo el libro. La sabiduría empieza donde termina la autosuficiencia, y Salomón la pide para servir a otros. Dios le añadió riquezas y gloria, una promesa hecha a un rey en su oficio y atada a una condición, «si andas en Mis caminos… como anduvo tu padre David» (3:14). Lo que este pasaje nos deja es la petición misma. Pablo la repite en la lectura de hoy cuando pide para la iglesia espíritu de sabiduría para conocer mejor a Dios (Efesios 1:17). Pedir un corazón que escucha es reconocer cada mañana que necesitamos que Dios nos enseñe a vivir.

2. La sabiduría de Dios se prueba en la justicia para el más débil

Las dos mujeres que llegan ante el rey son rameras. No tienen marido que las respalde ni testigos que hablen por ellas, y aun así entran a la presencia del rey y son escuchadas. La sentencia de Salomón saca a la luz el corazón de una madre dispuesta a perder a su hijo con tal de que viva. El narrador cierra diciendo que todos vieron que la sabiduría de Dios estaba en el rey «para administrar justicia» (3:28). La sabiduría bíblica se nota en cómo tratamos a quien no puede devolvernos nada. Se ve en el jefe que escucha al empleado más nuevo y en la iglesia que le da tiempo a quien nadie busca. Ezequiel, en la lectura de hoy, muestra el reverso, cuando Dios reprende a los pastores que no fortalecieron a la débil ni buscaron a la perdida (Ezequiel 34:4). El que gobierna, en la casa o en la iglesia, va a rendir cuentas de cómo trató a los más frágiles.

3. Los «aunque» que toleramos hoy son las grietas de mañana

Aquí está la tensión del capítulo. El mismo hombre que discierne entre dos madres no discierne lo que significa hacerse yerno de Faraón. Sabe juzgar con justicia en la sala del trono y no ve el riesgo de sus alianzas. Un comentarista lo resume en una frase, Salomón amaba al Señor, pero adoraba en los lugares altos. La capacidad en un área de la vida no garantiza obediencia en las demás. Se puede ser sabio en el trabajo o en el ministerio y ciego en los afectos y en las amistades que uno escoge. Las excepciones pequeñas casi siempre parecen razonables, porque la política lo exige o porque todo el mundo lo hace. Guarda estos dos datos, la hija de Faraón y los lugares altos, porque el libro los va a cobrar en el capítulo 11, cuando el corazón de este mismo rey se desvíe. Pregúntate hoy con honestidad cuál es tu aunque.

El corazón que escucha a Dios en el trono también tiene que escucharlo en la casa.

Señor, gracias porque das sabiduría a los que reconocen que no saben. Danos un corazón que escuche Tu voz, y que esa sabiduría se vea en cómo tratamos a los más débiles. Muéstranos los aunque que hemos tolerado, aquello que justificamos porque parece pequeño o razonable, y danos valor para dejarlos. Gracias porque en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría, y porque Él nunca tuvo un corazón dividido. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Reyes 3, Efesios 1, Ezequiel 34, Salmos 83-84

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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