Cargando lo santo con temor

«Y cuando se levante el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y bajarán el velo de protección, y con él cubrirán el arca del testimonio» (Números 4:5, NBLA)

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Cuando uno se muda, hay cosas que envuelve con cuidado y cosas que tira de cualquier manera en una caja. Lo que uno cubre con esmero revela lo que le importa. La porcelana de la abuela va con periódico y plástico de burbujas. Los platos del diario van apilados sin más.

Hoy llegamos a un capítulo donde Dios da las instrucciones para la mudanza más sagrada de la historia. Cómo se desarma el tabernáculo, cómo se cubre cada mueble, quién carga qué, y qué hay que cuidar para que nadie muera en el proceso. Porque sí, el capítulo termina con esa advertencia. Si uno toca lo que no debe tocar, muere. Lo santo se mueve con temor.

Entendiendo el pasaje

Recordemos el contexto. Israel está acampado al pie del Sinaí pero pronto se va a mover. Cuando llegue la orden de marchar, hay que desarmar el tabernáculo, cargar todo, llevarlo, y volver a montarlo. Pesa más de diez toneladas. Hace falta un grupo grande de hombres entrenados. Por eso este capítulo cuenta a los levitas entre 30 y 50 años, los que están en edad de servicio activo.

Pero antes de hablar de los cargadores, el capítulo se detiene en algo más importante. Quién prepara lo que se va a cargar. La respuesta es Aarón y sus hijos, los sacerdotes. Ellos bajan el velo, cubren el arca con el mismo velo, después con pieles finas, después con un paño azul por encima. Hacen lo mismo con la mesa, el candelabro, el altar de oro y el altar de bronce. Cada mueble queda envuelto con varias capas y con telas de colores específicos. Azul, púrpura, carmesí. Estos son colores de la realeza en el mundo antiguo. Y eso confirma lo que vimos ayer. El tabernáculo es el palacio del Rey, y cuando el Rey se mueve, su palacio se mueve con la dignidad que le corresponde.

Solo cuando los sacerdotes han terminado de cubrirlo todo, los levitas del clan de Cohat pueden acercarse para cargar los muebles. Y la advertencia es solemne. Si los cohatitas tocan o ven los muebles santos antes de que estén cubiertos, mueren. Lo santo se carga con temor.

Tres verdades bíblicas

  1. Lo santo se cubre antes de moverse. Mira el orden del capítulo. Antes de que los levitas pongan una mano en el arca, los sacerdotes tienen que cubrirla con tres capas. Antes de que se mueva la mesa, los sacerdotes la envuelven. Antes de que se cargue el candelabro, los sacerdotes lo preparan. Hay un orden, hay una mediación, hay una protección. Los levitas no se acercan al arca sin que el sacerdote haya hecho su parte primero. Y esto enseña algo grande sobre cómo nos acercamos a Dios. El acceso a lo santo siempre tiene mediación. Hoy nosotros nos acercamos a Dios, sí, pero no lo hacemos por nuestra cuenta. Lo hacemos por medio de Cristo, nuestro sumo sacerdote, que cubrió con su sangre lo que nosotros no podíamos cubrir y abrió el acceso que nosotros no podíamos abrir. Hebreos lo dice así, tenemos confianza para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesús.
  2. Lo santo se carga con temor. Esta es la advertencia dura del capítulo. Los cohatitas, que cargan los muebles más santos, tienen el riesgo más grande. Si tocan lo que no deben tocar, mueren. Hermano que me escuchas, fíjate en algo importante. Estos hombres están sirviendo a Dios. Están haciendo el trabajo que Dios mismo les mandó hacer. Y aún así, la advertencia está ahí. La cercanía a Dios no relaja la reverencia, la aumenta. El peligro de quien sirve cerca de las cosas santas es perderles el respeto por familiaridad. El que predica, el que enseña, el que canta, el que sirve en cualquier ministerio tiene que cuidarse de no manosear lo que es de Dios. La cercanía es privilegio, y también es responsabilidad.
  3. Servir a Dios es un oficio de gente lista para la guerra. Atención a este detalle, la palabra que el texto traduce como «servicio» en este capítulo es la palabra hebrea tsabá. La misma palabra que se usa para el servicio militar. La misma raíz que aparece cuando el Señor se llama «Dios de los ejércitos». Los levitas están en filas. Son soldados de una guerra santa que se libra alrededor del tabernáculo. Por eso entran al servicio entre los 30 y los 50, en plena edad de fuerza. Y esto se conecta con el Nuevo Testamento. Pablo le dice a Timoteo que sufra como buen soldado de Cristo. Efesios 6 nos llama a vestirnos con la armadura de Dios. Servir a Dios es estar en filas en un conflicto que tiene peso eterno. Cada creyente tiene su tarea, cada uno responde a su Comandante.

Reflexión y oración

Hoy te invito a pensar en cómo estás cargando las cosas de Dios en tu vida. Cómo manejas su palabra, cómo vives tu servicio en la iglesia, cómo te paras delante de él en oración. Pregúntate si la familiaridad te ha hecho perder el temor. Y recuerda que tienes acceso al lugar santísimo, sí, pero ese acceso lo abrió Cristo con su propia sangre.

Señor, gracias porque proveíste a Cristo como el sumo sacerdote que abrió el acceso a tu presencia. Enséñanos a no manosear lo santo, a no perder el temor por causa de la cercanía. Haznos soldados firmes en tu servicio, listos para cargar con dignidad lo que tú nos has confiado, y siempre conscientes de que servir cerca de ti es privilegio y es peso. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Números 4, Salmos 38, Cantares 2, Hebreos 2

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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