Hoy abrimos un libro nuevo. Venimos de Rut, que cerró con un nacimiento en Belén y una genealogía que desembocaba en David, y antes de Rut caminamos por Jueces, donde el pueblo giraba en una espiral de caos porque «no había rey en Israel». Primero de Samuel existe para responder esa carencia. Uno esperaría que un libro así abriera con tronos, ejércitos o profetas ungiendo cabezas. Abre con una familia de la región montañosa de Efraín y con una mujer que llora tanto que no puede comer. Durante las próximas cuatro semanas vamos a recorrer esta historia bajo un mismo arco, el del rey que Dios levanta, y hoy descubrimos que ese arco comienza donde nadie estaría mirando o donde usualmente no buscarías un rey.
Entendiendo el pasaje
Ubiquemos primero el libro completo. Jueces terminó con un grito desesperado, «no había rey en Israel», en Rut vimos que se anticipaba el nacimiento de un rey descendiente de Booz, y Primero de Samuel es la respuesta formal de Dios a ese grito. El libro cuenta cómo Israel pasó de ser un montón de tribus en caos a un reino, y lo hace a través de tres personajes. Primero Samuel, el profeta que Dios levanta mientras la casa de Elí se derrumba. Luego Saúl, el rey que el pueblo pidió según su propio criterio, con su ascenso y su caída. Y al final David, el rey que Dios escogió mirando el corazón, ungido primero y probado después en el desierto. Todo el libro desarrolla una sola tesis, la que Ana va a cantar en el capítulo 2, que el Señor humilla al orgulloso y exalta al humilde.
Elcana era un hombre piadoso que subía cada año desde Ramá hasta Silo, donde estaba el arca del pacto y servían los sacerdotes de la casa de Elí. Tenía dos mujeres. Penina tenía hijos y Ana no tenía ninguno, porque el Señor había cerrado su matriz. Y cada peregrinación, la que debía ser la fiesta del año, se convertía en el peor día para Ana, porque Penina la provocaba amargamente por su esterilidad. Elcana la amaba, le daba una porción doble del sacrificio y aun así no lograba comprenderla, como muestra su pregunta «¿No soy yo mejor para ti que diez hijos?». Hasta el sacerdote Elí falló en leerla, pues al verla orar moviendo los labios sin voz, la acusó de estar ebria.
Cercada por la incomprensión, Ana hizo lo único que le quedaba. Subió al santuario, lloró con amargura de alma y le hizo voto al Señor de entregarle el hijo que le pidiera, todos los días de la vida del niño. Cuando Elí la confrontó, ella respondió que había estado derramando su alma delante del Señor. Y el narrador cierra la escena con una frase que el Antiguo Testamento reserva para sus momentos decisivos, «el Señor se acordó de ella». Es la misma expresión que aparece cuando Dios se acuerda de Noé en medio del diluvio, de Raquel en su esterilidad y de Israel esclavo en Egipto. En la Biblia, cuando Dios se acuerda de alguien, se pone en movimiento a su favor. Nació entonces Samuel, cuyo nombre suena en hebreo a «Dios ha escuchado», y cuando el niño fue destetado, Ana cumplió su voto y lo entregó en Silo.
Tres verdades bíblicas
1. Dios escribe la historia de su reino empezando por los que nadie toma en cuenta
Este libro va a coronar reyes, mover ejércitos y decidir el futuro de una nación. Y su primera protagonista es la persona con menos poder de todo Israel, una mujer estéril, provocada por su rival, incomprendida por su esposo y malinterpretada por el sacerdote de turno. Ahí decidió Dios empezar. Si hoy sientes que tu vida es demasiado pequeña o demasiado escondida para que Dios haga algo con ella, este capítulo debería darte esperanza. Dios no espera a que llegues a una posición visible para empezar a escribir su historia contigo. Mañana vamos a escuchar a Ana cantar esta misma verdad con sus propias palabras, y ese canto será la clave de toda la serie.
2. El dolor que nadie entiende tiene un lugar donde ser derramado
Ana no discutió con Penina, no le probó a Elcana que su dolor era legítimo ni se defendió largamente ante Elí. Fue al santuario y derramó su alma delante del Señor. Hay cargas que ni la gente que más te ama logra comprender, y pelear para que las entiendan solo añade otra herida. Tú puedes hacer lo que hizo Ana. Llevar eso que nadie entiende directamente al Dios que sí entiende, con lágrimas si hace falta y sin discursos elegantes. Fíjate que las circunstancias de Ana no cambiaron ese día. Cambió su rostro. Volvió a comer, dice el texto, y ya no estaba triste, porque había sido escuchada por Aquel que puede actuar.
3. Lo que se recibe como regalo se devuelve como ofrenda
Ana pidió un hijo y, cuando por fin lo tuvo en brazos, lo llevó de vuelta a Silo para dedicarlo al servicio del Señor. Pudo haber renegociado el voto, y habría sido comprensible. Pero Ana entendía algo que a nosotros nos cuesta, y es que Samuel llegó como respuesta a una súplica, y las respuestas se agradecen con las manos abiertas. Pregúntate hoy con honestidad qué has recibido de Dios que estás administrando como si fuera conquista tuya. Los hijos, el trabajo, la salud, el ministerio. La gratitud que no consagra nada todavía no ha entendido de quién vino el regalo.
Reflexión y oración
El Dios que está a punto de levantar reyes en Israel empezó acordándose de una mujer que lloraba en silencio.
Padre, gracias porque escuchas al que nadie escucha y te acuerdas del que todos olvidan. Gracias porque este libro que hoy comenzamos nos muestra desde su primera página que Tú actúas a favor de los humildes. Te pedimos la fe de Ana, para llevarte el dolor que nadie más comprende, y su gratitud, para devolverte con manos abiertas lo que de Ti hemos recibido. Guárdanos de vivir como dueños de tus regalos. En el nombre de Cristo, amén.
