A lo largo del sermón del monte la intención de Cristo ha sido mostrar que los verdaderos hijos del reino deben exhibir una justicia mayor que la de los escribas y fariseos, observando correctamente las demandas de la ley y practicando una religión verdadera.

Pero eso no es todo lo que concierne a la verdadera piedad. Los creyentes no solo somos llamados a una buena práctica delante del Señor sino también delante de los hombres y en la manera en que nos desenvolvemos en el mundo que nos rodea, pues si bien es cierto que pertenecemos a un reino de naturaleza espiritual, también vivimos en un mundo en el que debemos conducirnos como es digno de aquellos que han sido alcanzados por Dios.

Los hijos del Reino deben exhibir justicia ante los hombres, mostrando una inquebrantable confianza en la provisión de Dios y no entregarse a los afanes y pasiones del mundo presente. En cuanto a lo religiosos somos llamados a evitar la hipocresía de los fariseos, pero en cuanto al resto, a nuestra vida en el mundo, somos llamados a evitar la avaricia y la idolatría de los gentiles.

En esta nueva sección, el Señor apunta a la manera en que nosotros evidenciamos el valor que el reino tiene para nosotros en comparación con las cosas de este mundo. Por medio de tres declaraciones Jesús busca probar que: Los bienes de este mudo pueden levarnos a la idolatría; que la avaricia produce ceguera y tinieblas y que finalmente, el amor al dinero y las cosa material puede esclavizarnos alejándonos del servicio a Dios.

El peligro de la idolatría

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.  Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón

El Señor comienza llevando nuestras mentes al aspecto negativo de su mandamiento.

No hagáis tesoros en la tierra

Evidentemente la intención del Señor es principalmente de advertencia. De la misma manera que con el caso de los fariseos comenzaba hablando acerca de lo que NO se debe hacer, también aquí.

El Señor no está prohibiendo que las personas trabajen diligentemente hasta planeen para su futuro. El punto acerca de dónde ponemos realmente el corazón.

Jesús quiere hacernos pensar sobre el carácter transitorio de las cosas. Nada es para siempre y en vano el hombre pone todo su empeño en vivir en función de las cosas de esta tierra. Todo lo que aquí consigamos estará expuesto al deterioro natural.

Es probable que el Señor esté pensando en un granero que tiene grano almacenado por años. Puede estar expuesto a echarse a perder por causa del moho o los insectos. De la misma manera el robo y en términos más contemporáneos pudiéramos pensar en todas las posibilidades que hay hoy de perderlo todo.

De la noche a la mañana personas pasan de ser millonarios a o tener nada. La caída de los mercados, la inflación, las catástrofes, los siniestros y todo un sinnúmero de variables a las que se exponen los bienes materiales.

El punto es: Los hijos del reino no deben poner su confianza en las cosas que perecen, sino en lo celestial, lo que permanece para siempre.

Hacer Tesoros en el cielo

El aspecto positivo de este mandato es a atesorar en las cosas espiritual. La idea es invertir nuestro mayor tiempo en las cosas que nos representan un bien espiritual.

Hay muchas maneras en las que esto puede ser posible: Lectura de las Escrituras, oración, comunión, servicio etc. Dos tiene cuenta de todo cuanto hacemos aquí y él debe ser nuestra prioridad, finalmente eso reflejará que nuestro corazón está realmente en Dios.

Esta idea no es nada compleja: Dime lo que ocupa tu vida y te diré dónde está realmente tu corazón.

Podemos decir mil cosas de labios para fuera. Adorar de mil maneras; pero la manera en que nos conducimos en este mundo es o que va a determinar si estamos o no viviendo como hijos del reino.

Pablo lo resume magistralmente en Colosences 3:1-3:

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

Y también:

A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna. (1 Tim 6:17-19)

Donald Carson dice lo siguiente al respecto de este pasaje:

Cuando     yo muera, voy a llevarme exactamente 10 que traje al mundo: nada. Por tanto, aunque los ladrones y el orín no toquen mis bienes durante toda mi vida, es vanidad reunir tesoros que tienen un valor tan temporal.

¿Cómo están nuestras prioridades? ¿A qué estamos dedicando nuestro mayor tiempo? ¿Cómo estamos trabajando para atesorar en el cielo? ¿Qué tan consientes somos de las recompensas celestiales? ¿Con cuanta frecuencia pensamos en la temporalidad de las cosas de este mundo?

A veces creo que vivimos un cristianismo al revés: nos mueven más las cosas materiales que las espirituales porque los materiales las podemos tocar y sentir. Pero eso refleja que el problema es realmente de fe y de nada más. No estamos creyendo a la palabra de Dios y a sus promesas.

El peligro de la ceguera

La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

Ahora el Señor Jesús usa una segunda ilustración para mostrar cómo es que el tener alteradas nuestras prioridades traerá como resultado ceguera espiritual.

Cuando Jesús dice que la lámpara del cuerpo es el ojo, no se está refiriendo a que por allí es que nos entra la luz adentro de todo el cuerpo. No. La idea es que lo que nosotros vemos, donde ponemos nuestra mirada, es lo que controla nuestro cuerpo, que en el lenguaje judío era entendido como e ser mismo.

De nuevo el contraste es entre un ojo bueno y un ojo malo. El ojo bueno es una referencia a un corazón que no es apegado a las cosas materiales. Alguien que pone su mirada, como leímos, en la cosa de arriba; todo su cuerpo será alumbrado y podrá ser conducido rectamente.

Pero, por el contrario, un ojo malo traerá como consecuencia que todo el ser esté en tinieblas. Un ojo malo es la referencia al corazón avariciosos, apegad a los bienes terreno y que solo ve lo que tiene en frente. Este tipo de personas creen que tienen una buena visión, pero en realidad están ciegos y todo el resto de su vida será tristemente una consecuencia de eso.

La biblia dice que la raíz de todos los males es el amor al dinero; en efecto, quien solo ve lo terrenal, todos los males de su vida serán la evidencia de que está en tinieblas.

Las personas que son avariciosas no pueden ver más allá de lo que solo imaginan.,

Hace un par de noches, mi hijo Jacobo durmió a mi lado y con la luz apagada el cuarto quedó totalmente oscuro y el empezó a preguntarse que si acaso ya no tenía mano; todo lo que tuve que hacer fue darle un poco de luz para que el viera su mano y así se convenciera que esa mano seguía con él. Tal es la vida del hombre en tinieblas. No puede percibir la realidad, no entiende la temporalidad de las cosas del mundo y así conducirá toda su vida.

Alguien cuenta lo siguiente al respecto de la temporada de nieves en Canadá:

En Canadá, la nieve recién caída es generalmente seca y cae en polvo; no es húmeda ni pegajosa. Un campo grande cubierto de nieve recién caída es de 10 más tentador, brillante bajo el sol. En el no hay rastros, ni huellas; tenemos el privilegio de cruzado y estampar en él el dibujo que queramos. Si nos miramos a los pies e intentamos cruzar ese campo en línea recta, haremos un recorrido de lo más zigzagueante.

Si en cambio fijamos los ojos en un árbol o un peñasco que este al otro lado, y caminamos en línea recta hacia él, el rastro que dejemos será notablemente recto.

Es así como funciona. Nuestros ojos deben dejar entrar la luz del evangelio. Ver la belleza de la eternidad en Cristo. Es allí donde debemos mirar.

Cuando el amor por las cosa de este mundo nos ciegan no vemos nada más que frustración cuando esos bienes no están porque ese amor es lo que controla todo.

El peligro de la esclavitud

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas

Finalmente, el Señor advierte que poner nuestra mirada en las cosas de este mundo no solo produce ceguera para levar otros asuntos de la vida, sino que nos esclaviza evitando que podamos servir al Señor con libertad.

De nuevo, el Señor no está diciendo que debemos menospreciar todo lo que se terrenal en el sentido estricto, no. La idea es más bien tener claro lo que va primero.

LA palabra servir está asociada esclavitud, así que lo que está en mente del Señor es que nadie puede ser esclavo de dos señores. A uno de los dos estará aborreciendo y en esto cristo es radica.

Una persona puede trabajar para dos jefes o patronos, pero nunca podrá ser esclavo de dos amos al mismo tiempo. Nadie puede servir a Dios y a las riquezas. Dios demanda todo de nosotros. Él no comparte su gloria con nadie y por eso es imposible que tengamos avaricia y amor al dinero y al mismo tiempo intentar servir a él.

En ocasiones somos puestos en este entredicho. Por ejemplo, cuando alguien tiene que escoger entre dos trabajos, normalmente piensa en el que mejor le paguen, pero no en el que le garantice un mejor servicio a Dios. Eso es negociar con Dios, es ponerlo a él solo como una parte de nuestras vidas, generalmente menos importante.

¿Cuál es nuestro criterio a la hora de pensar en nuestro futuro y en el servicio a Dios? Me temo que para muchos Dios no es ni siquiera un estorbo. Nunca piensan en él ni en su salud espiritual a la hora de tomar decisiones, solamente en su propio futuro, lo cual no es malo en sí mismo, pero no es más importante que Dios.

Con frecuencia escuchamos de personas que con facilidad abandonan sus iglesias exponiendo sus vidas espirituales solo por unos cuantos pesos demás; pero también escuchamos del testimonio de personas que renuncia a su comodidad, a sus buenas condiciones, solo por entregarse a la cual de Cristo. Esa abnegación es la que caracteriza a los hijos de Dios. Pero que fácil es negociar con Dios, con cuanta facilidad lo hacemos.

La oferta del diablo siempre será esa: Todo esto te daré (los bienes y la gloria del mundo) si postrado me adorares, pero nuestra respuesta debe ser: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás.

Conclusiones:

Vivimos en medio de un dilema en relación al mundo y Dios:

Dos tesoros, uno terrenal y otro celestial

Dos visiones una clara e iluminada y otra solo en tinieblas

Dos amos; Dios nuestro Padre y las riquezas y las glorias de este mundo

Escoged pues vosotros a quién van a servir hoy.

Amigos: Debes reconocer que no puedes pasar la vida persiguiendo cosas que han de perecer, descuidando lo más importante. El mundo y sus deseos pasan. De qué le vale al hombre ganar el mundo y perder su alma. Puedes venir a Cristo en arrepentimiento y fe y tenerlo todo. El perdón de pecados y un gran tesoro en el cielo donde nadie te lo arrebatará.

Hermanos: Debemos renunciar a pecado de la avaricia y el amor por las cosas de este mundo. Dios no es u Dios de concesiones, él demanda todo de nosotros y no podemos ponerlo como el objeto de un negocio. Sirvamos a Dios con todo nuestro corazón, poniendo a mirada en él y buscando hacer tesoros arriba.

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