Soberanía de Dios y la Oración (Parte 4)

Este artículo pertenece a una serie publicada sobre la Soberanía de Dios y la Oración por el Dr R. C Sproul.

Primera parte de la serie: ¿De qué manera se relaciona la soberanía de Dios con nuestra vida diaria?
Segunda parte de la serie: La Eficacia de la Oración
Tercera parte de la serie: Las Leyes “Naturales” de Dios

Hemos llegado a un punto cumbre en éste tema y es ¿Qué tipo de relación hay entre la soberanía de Dios y mi responsabilidad de orar? No debemos asumir que la soberanía de Dios y nuestra responsabilidad son excluyentes.

Hemos admitido que hay una relación misteriosa en ambos aspectos; sin embargo, el hecho de que no sea fácil de explicar no elimina la responsabilidad y el mandato bíblico de orar en todo tiempo, tal como lo hemos dicho, hay cosas que no sucederán si no oramos.

A continuación la cuarta parte de esta serie sobre la oración por parte del pastor R.C Sproul:

[Inicio de la cita]

Las Oraciones como el Medio para los Fines de Dios

Santiago hace una declaración que es vital para nuestro entendimiento práctico de la relación entre la soberanía de Dios y la oración. Es una declaración que me persigue cuando considero este tema. Él dijo, “pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (4:2) No debemos entender la realidad como si Dios trabajara solo, como si Dios estuviera en el centro del escenario mientras nosotros somos simples marionetas sin participación activa en el plan de redención. Eso no es Cristianismo o Calvinismo. Eso es una distorsión. Dios hace que sus fines soberanos se lleven a cabo por medios terrenales y humanos. Este es el concepto teológico de la concurrencia, y funciona tanto en el ámbito de la oración como lo hace en las otras áreas que hemos considerado.

¿Que pensaría usted de un agricultor que, cuando llega la primavera, se sienta en su pórtico sobre su mecedora, se cruza de brazos y dice, “Bueno, definitivamente espero tener una gran siega este año; espero que esté en los planes de Dios darnos una abundante cosecha”? No ara el campo. No planta la semilla. No quita la maleza de los surcos. Se sienta allí y espera que Dios le entregue una cosecha del cielo. Así no trabaja un agricultor. Si un agricultor tratara de “trabajar” de esta forma, creo que está claro lo que pasaría—el beneficio de la mano de Dios sería cero. Estamos llamados a arar nuestros campos. Estamos llamados a plantar y a regar. Y este llamado se aplica a nuestras oraciones.

Se ha citado una y mil veces, que la Biblia dice “Dios ayuda a los que se ayudan.” Por supuesto, eso no es de la Biblia. Pero en cierto sentido, la idea es correcta. Dios nos llama a trabajar, a arar, a plantar, a leer, a estudiar, a prepararnos. Nosotros hacemos todas estas cosas, pero Él da el crecimiento. ¿Qué dijo Pablo? “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” (1 Cor. 3:6).

Hay un sentido en el que la oración de intercesión, la oración de súplica, es un trabajo. Ciertamente es un placer, pero requiere energía y tiempo. Dios sabe lo que necesitamos antes de que le pidamos, pero el requiere el trabajo. Él sabe que necesitamos pan antes de que se lo pidamos, pero Él nos pide que hagamos el trabajo de producir los materiales por los cuales se nos da el pan. Si carecemos de los beneficios de las manos de Dios en nuestra vida, puede muy bien ser debido a que no hemos pedido; no hemos hecho el trabajo de suplicarle.

[Fin de la cita]
Publicado con permiso:
Por: R.C Sproul, © Ligonier Ministries – Website: ligonier.org. Tomado de: gospeltranslations.org – Traducido por: Joel Antonio Cáceres

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Jacobis Aldana

Está casado con Keila y es padre de Santiago y Jacobo. Jacobis sirve en el ministerio pastoral desde 2010. Es licenciado en Teología del Seminario Teológico de Miami (MINTS) y actualmente candidato a Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary. Ha servido como director editorial en Soldados de Jesucristo y es miembro fundador de la Red de iglesias Bíblicas del Caribe Colombiano y también trabaja como maestro-directivo de la fundación de Estudios Bíblicos Alfa y Omega.